Crónica de una decisión en el Azteca -o una analogía fantástica- del México que no sabe cómo unirse, o una tesis de cómo los “Fifís” pusimos a AMLO donde está y perdimos el NAICM.

“Los del gallinero pueden aplaudir, los de los palcos basta con que hagan sonar sus joyas.” John Lennon

Quisiera comprender mejor por qué esta división tan cruda entre los mexicanos; vaya, este tema de “Chairos” y “Fifís”.

Las perspectivas de unos y otros están desde luego sujetas y fundadas en la forma particular de entender el mundo de cada quién. Aún, incluso entre cada uno de los grupos, hay perspectivas individuales que deberían de contribuir a enriquecer la visión colectiva de unos y otros. Pero no sucede así.

En mi caso particular, tengo la fortuna de haber crecido y de convivir con una diversidad asombrosa de mexicanos; desde -literalmente- los más ricos, hasta los más desafortunados. Intelectuales de izquierdas, derechas y centro, y hasta de tercera vía. Con los espirituales, los buena onda, los cool y los conservadores. Convivo o he convivido con empresarios que son corruptos y con otros que no lo son, con clérigos pederastas y maestros espirituales, con chamanes y médicos científicos, líderes sociales, evangelizadores cristianos y aguerridos ateos. Convivo con artistas, filósofos y conductores de Uber. Homosexuales, bisexuales, heterosexuales y homofóbicos. Con educadísimos hombres y mujeres que han viajado por el mundo; con gente muy trabajadora y modesta y con indígenas tzotziles.

Vaya, que he pasado mi vida rodeado, como cualquier mexicano, de una diversidad cultural, económica y moral sorprendente. Más aún, he viajado por una buena parte del país y constatado también la diversidad ambiental. México es considerado uno de los de los diez países megabiodiversos.

Todos los días en mi trabajo tengo el privilegio de sumarme a las historias de prosperidad y creatividad empresarial, que han hecho de México un gran país y que han elevado la calidad de vida de millones de mexicanos.

Es decir, como cualquiera de nosotros, estoy en contacto con muchísimo más que mi propio grupo social; mi perspectiva etno-céntrica se relativiza constantemente. Hay mucho más que mi “ambiente” social.

Después de algún tiempo, puedo decir que al escuchar con atención la perspectiva de cada uno de estos grupos, con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que, por absurdo que parezca, todos tienen razón. “Su” razón. En efecto, para mí, ahora, no hay mucho sentido en tratar de convencer a uno u otro de que lo que él o ella ve es parcial, no es completo y es incluso una especie de proyección de quiénes son. Que en realidad no veo las cosas como son, sino que las veo “como yo soy”. En otras palabras, que “chairos” y “fifís” tiene más que ver conmigo que con ellos. Y siempre vi el futbol en el Azteca desde un palco.

Me explico, y pongo el NAICM como ejemplo de una analogía que no escapa de mi cabeza cada vez que el tema (o cualquiera de los temas de la 4T) salen a la mesa.

Para los que están a favor de la megaobra (yo), cancelarlo no sólo es un error de unos 100 mil millones de pesos, sino que un proyecto de esa magnitud tiene un impacto favorable para el desarrollo de nuestro país con consecuencias económicas positivas. Vamos, como se dice en el argot de los negocios, “es un _no-brainer_” ¡Por Dios… se paga solito con los TUAs! Bueno, que no hay duda. ¿O sí? Que es conveniente seguir con el NAICM es absolutamente verdad y cualquiera con un poco de sentido común y capacidad para entender tres numeritos, estaría de acuerdo en que es un error suspender el proyecto. Esto es verdad… parcialmente.

Aquellos en contra del NAICM (yo también 😳), operan basados en dos principios. Primero, un aeropuerto no es prioridad para la mayoría, y segundo, hay formas más eficientes de resolver el problema de la saturación del tráfico aéreo en la CDMX. Adicionalmente, es un símbolo del México de antes de la 4T.

(Si eres de los primeros, seguramente estarás argumentando en tu cabeza: que no sea prioritario para la mayoría de las personas no quiere decir que no sea prioritario para México. De hecho, el beneficio que tendría impacta a millones que quizá nunca su suban a un avión -de acuerdo también-. Es más bien una decisión populista que, además de que defiende una alternativa inviable, es postulada por un secretario de comunicaciones del siglo pasado. Tampoco combate la corrupción… ”Ahí está Riobó, que seguramente se mocha con AMLO, ¡me canso ganso!”)

Entonces, me viene esta imagen del estadio Azteca. Imagino el estadio lleno. Cuando miro la asistencia (desde mi palco) se parece bastante a México. El 16% de los asientos están en los palcos (es decir, la clase A y B), solo el 6% en las plateas, y el resto -más de 67 mil asientos- en las gradas.

Cada quién le va a su propio equipo y no deja de asombrarme y conmoverme las pocas ocasiones en que todos, absolutamente todos -esperanzados frente a la desesperanza histórica-, nos unimos y dejamos el pulmón cuando México está en la cancha. Como dice un amigo, “been there, done that” y está cañón.

Para efectos de este texto, me imagino pues el estadio abarrotado, que representa a la totalidad de México, solo que, en la cancha, en lugar de la selección mexicana, hay una enorme maqueta del NAICM y la imagen de AMLO, micrófono en mano, en las pantallas gigantes.

“Queridos compatriotas, ha llegado el momento de que escuchemos (nótese que dijo “escuchemos”) la voz de todos los mexicanos. Vamos a ver quiénes piensan que conviene seguir con este proyecto (señalando a la maqueta) y quiénes no. En un momento les voy a pedir que hagan el mayor ruido posible cuando la opción que cada uno de ustedes defiende se presente. Y así veremos cuántos apoyan que siga y cuántos no.”

“Esta obra costará 285 mil millones de pesos. Yo creo que hay una mejor alternativa que, desde luego, implica perder 100 mil millones de pesos que ya se han destinado para lo que hay hoy de avance, pero que en el balance resulta menos costosa y más alineada con el México de todos, que resuelve en el corto y mediano plazo el problema del tráfico aéreo de la CDMX y de paso libera recursos para otras prioridades, como el desarrollo del sureste, entre otras cosas.”

En los palcos se dejan oír los chiflidos y algunas mentadas mientras él continúa.

“Votemos… aquellos a favor de esta obra hagan todo el ruido posible.”

Y de inmediato los palcos y una buena porción de las plateas comienzan a gritar y pegar en el piso, esperanzados de generar un escándalo que haga entender a AMLO que “habemos muchos que no estamos de acuerdo”. Pero antes de que él interrumpa para pedir el voto de aquellos en contra, se comienza a escuchar un rítmico golpe de pies “pum.. pum.. pum… pum” que crece en volumen y sincronía y que deja perplejo hasta al mismísimo AMLO. No hay gritos, no hay nada, es sencillamente el ritmo coordinado de la gran mayoría de los asistentes del estadio, que espontáneamente crean un sonido ensordecedor, en el peor de los casos, y conmovedor, en el mejor. AMLO sonríe satisfecho al tiempo que en los palcos los líderes y los “más importantes” se ponen de pie exclamando “no es posible la estupidez de la gente, este es un loco, nos vamos a convertir en Venezuela, es pura manipulación… yo me largo”.

Es así de simple. La decisión está tomada. “El pueblo sabio -es decir, la mayoría- ha decidido” sentencia el tabasqueño.

Poco después, el estadio comienza a vaciarse mientras los empleados de mantenimiento están ya desarmando en la cancha la gran maqueta. Afuera, en la calle, los ríos de gente se mezclan con los autos y los escoltas de los que estaban en los palcos. Dentro de su automóvil, una pareja conversa: “Míralos… bola de chairos… no tienen ni idea de nada… les están viendo la cara de P… Hasta creen que AMLO va a cambiar las cosas… ¡al contrario! Nos va a llevar la que nos trajo….” Mientras, entre la multitud otra pareja que camina junto al mismo automóvil señala: “Bola de fifís… se les acabó su monumento a la corrupción”.

Algunos van a sus casas y otros se reúnen en restaurantes para comentar. Los que están a favor se reúnen en sus lugares de costumbre y entre plato y plato y drink y drink se escuchan por todos lados los mismos comentarios, que como memes de Instagram, se reproducen de manera viral y todos repiten: “Me canso ganso que Santa Lucía no jala”; “AMLO es un viejo loco, no lo soporto”; “eso pasa cuando tienes un Presidente que no ha viajado ni habla inglés”; “estábamos mejor con Peña”; y entre copas y risas los memes van tomando forma sustentados en fake news y “facts” de los que “me consta porque conozco a alguien que es el mejor amigo y le consta que…” y el gran meme se construye: AMLO es malo para México y por su culpa nos va a ir mal a todos (especialmente a mí que me va bien). Transcurre así la tarde, el día y los días…

En una mesa de la esquina, sin embargo, un grupo sorprendido por lo que sus familias y amigos repiten una y otra vez, comentan acerca del evento en el Azteca. “¡Órale! Qué cañón… qué contundente, ¿no?” Una chica pregunta, “¿qué hemos hecho para llegar a esto?” y uno más le contesta, “ser la onceava economía del mundo, pero ocupar el 92º lugar en el nivel del salario mínimo” por ejemplo. Otro más, un hombre mayor, se suma: “nos acostumbramos a creer que México está bien así, que la manera de ganar mucho dinero es dando mordidas, repartiendo, maximizando la utilidad, etc…” y otro más a su lado -ilustrado por los mezcales que ya lleva- sentencia: “la neta es que nos convenía, al menos a mí, que las cosas siguieran igual, que agarren por ahí a un pendejo por corrupción, pero que no le muevan mucho, porque la neta, la neta, a mí me va muy bien”. Una chica más agrega: “eso es lo que pasa cuando los que se supone que somos los educados aceptamos un México donde la mayoría -esa que pegaba y hacía ruido en el Azteca- no lo está pasando bien y nosotros hacemos como que sí”. “No es nuestra responsabilidad que todos estén bien… eso es imposible”, continuó, “pero sí tener la consciencia de buscar siempre una manera de que las cosas sean mejores para todos y la verdad es que nos hemos acostumbrado -¡así nos educaron!- a sacar el máximo provecho siempre, muchas veces a costa de o ignorando las necesidades de los demás. México está increíble.. para muchos… pero para muchos, muchos otros, no lo está”.

De pié ahí en mi palco, mirando la maqueta del NAICIM al centro, no puedo dejar de notar que nadie, absolutamente nadie, entre los 110,000 asistentes compartimos la misma perspectiva y sin embargo se comienzan a formar los memes que nos dividen, el meme Chairo y el meme Fifí.

“Meme” se refiere a un significado o comportamiento que se pasa -de un individuo a otro y que se constituye, por medios no genéticos, en elemento de identidad de un grupo o generación. Paz y Amor fue además del símbolo, el meme de una generación que entendía y compartía la libertad y la solidaridad como mecanismo de respuesta a la hegemonía moral de la época.

En el caso de los mexicanos, aún más proclives en el humor a pasarse imágenes que expresan y definen su identidad, el “meme fifí” y el “meme chairo” de entrada fincan su efectividad en su capacidad de desacreditar al otro.

Necesitamos un meme que nos unifique, que exprese el propósito que tenemos de ser un mejor país, que incluye a todos.

Crónica de una decisión en el Azteca -o una analogía fantástica- del México que no sabe cómo unirse, o una tesis de cómo los “Fifís” pusimos a AMLO donde está y perdimos el NAICM.

Elección 2018: Cuatro principios y una acción.

Entonces México querido, ¿Qué esperarías de mí como ciudadano para éstas elecciones?

Si México hablara y nos dijera a los mexicanos qué es lo que desde su perspectiva es mejor, tal vez podría finalmente abandonar mi necesidad de justificar, aquí y allá, en la arena política, en la arena social, por qué lo que yo creo que es mejor para México es lo mejor. Solo tú México, podrías decir qué es lo mejor.

pexels-photo-109919.jpegEn esta segunda parte de la reflexión acerca de cómo elegir lo más consciente posible en las siguientes elecciones, intentaré esbozar de manera general cuatro principios y una acción que pueden servir para el proceso de ir definiendo mi intención de voto.

Unas nota antes de comenzar.

Primero. Estos principios no serán populares, seguro, porque parten del principio lógico de que nadie tiene “la razón”, especialmente yo (y tú); en todo caso lo que vemos es parcialmente verdadero. Por lo que no son útiles cuando se trata de defender posiciones. De hecho, desde mi perspectiva, “defender posiciones” no sólo habla del nivel de desarrollo (limitado) de quién las defiende, sino que es justamente lo que puede atrapar el desarrollo de un grupo social hacia algo mejor para todos.

Segundo. Estos principios carecen de autoridad intelectual, política, cívica o social, incluso moral. Es más en cierto sentido son bastante “rupestres”; pero tienen como fin ser un sustento operativo muy práctico en el desarrollo de la propia consciencia frente al acto de elegir.

Tercero.  Estos principios asumen que en realidad es mucho más determinante en el futuro de nuestro país la consciencia de cada uno de nosotros, que quién resulte ganador, porqué el reto mayor no es quién nos gobierna sino como desde nuestro lugar civil nos aseguramos de que los servidores públicos sirvan calificadamente y no “se sirvan”. Desde luego que tenemos los gobiernos que nuestro nivel individual de consciencia sumado en el colectivo, merece. De ahí que la tarea no es tanto seguir al mejor, como ser mejor yo (todos).

Cuarto. Están expresados en primera persona, porqué es lo que yo pienso aplicar y lo comparto.

Así pues, de manera sucinta los comparto aquí, aunque elaboraré uno por uno con mayor profundidad en entregas subsecuentes.

Principio Uno. Integro perspectivas.

En cada conversación y en cada comunicado, indago para tratar de entender con la mayor claridad posible lo que la otra persona ve;   lo que los demás ven. Sin juzgar, porque es lo que ven y para ellos es verdad. Indago con todas las posiciones: izquierda, derecha, centro. Militantes, periodistas, conservadores, liberales, ricos, pobres y medios. Godinez, intelectuales, millenials y viejos. Fresas y no tan fresas. Trabajadores, empresarios, obreros. En fin. Que de aquí a julio me toparé con un buen mosaico de personas que tienen seguro, algo de razón.  Mi trabajo será ir tejiendo una versión más completa de la realidad y quizá, como veremos más adelante, poder “dialogar con México” en busca de un veredicto final, antes de emitir mi voto.

Principio Dos. Mantengo objetividad radical.

Cero consumo de contenido proselitista de ninguno de los contendientes y de todos sus seguidores. La regla es simple: opinión sobre contenido “objetivo” no es contenido, es subjetividad pura. Cero consumo de memes. Cero lectura y re-circulación de opiniones en facebook y twitter. Cero videos que prueban que tal o cual se contradice, o miente o lo que sea. Cero por respeto (a la inteligencia, aunque sea a la mía). Cero engancharme con “dicen que…”, “yo sé que fulanito…”, “mí amigo es el mejor amigo de sutanito y le consta que….” Voy a ir a leer las propuestas de cada uno en su sitio oficial. Voy a ver íntegros algunos discursos y algunas entrevistas. No los resúmenes; que ahí está la manipulación.  No me olvido que Trump ganó la elección gracias a  Facebook. No por sus seguidores, sino por todos los que no lo queríamos y retransmitimos tanto lo que “no” que los algoritmos de la comunidad en línea aprendieron a presentarnos todo el tiempo justo eso y así se posicionó y comenzó su carrera.

 

Un buen ejemplo de esto son las intervenciones de cada uno de los tres candidatos en la Convención Nacional Bancaria. Vi todas las intervenciones íntegras y luego leí los comentarios en las redes sociales: Increíble la des-contextualización cuando se citan sólo frases parciales. De hecho, en referencia al principio uno, integrar perspectivas, llama la atención cómo en lo general no hay diferencias sustanciales (en estas intervenciones al menos), sino en muchos casos complementariedad. Si bien es verdad que no tiene sentido seguir pensando en el petróleo, por ejemplo,  como una inversión estratégica, también es verdad que en lo que el mercado de autos eléctricos madura, es de sentido común aprovechar lo que tenemos y dejar de importar gasolina. De la “refinería a todos tememos un Tesla” hay un gran salto y no hay atajo.

Principio Tres. “Lo mejor para todos”

A lo largo de estos meses voy a reflexionar sobre el significado de este momento histórico y lo que para mi es importante. No lo voy a hacer porque lo que realmente importe es lo que a mi me importa, sino porque espero poder reconocer que lo más importante es lo que sea más importante para todos.  Porqué si encuentro significado en algo más que las limitadísimas creencias y perspectivas de los grupos sociales en los que me muevo y que en cierta medida constituyen un condicionamiento ontológico de la realidad que vivo, emitiré un voto más responsable y menos alienable. En cierto sentido un voto más libre, incluso de mis propias limitaciones.

Principio Cuatro. No elijo por el candidato.

El que resulte ganador va a perder, literalmente, a la mitad del país.. El ganador, será de inicio un perdedor.  Y Con el ejército a su disposición demostrará su nivel no sólo de inteligencia emocional, sino ética y moral. Cualquiera que gane resulta increíblemente ingenuo si considera que “él lo puede lograr”. El verdadero reto no es quién gana, sino como responden los que pierden. Ya desde ahora es triste escuchar a los empresarios asustados por el “Chávez” mexicano, o a los más humildes seguros de que tal candidato sólo le importa ganar dinero, o que tal otro es aún mas corrupto porqué protegió a todos.

Una acción.

Voy a participar en algún grupo de acción civil que vigile y fomente que quién haya ganado haga bien su trabajo. Ah y no entraré en actos de corrupción. Punto.

Elección 2018: Cuatro principios y una acción.

¿Cuál va a ser mi elección?

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Estamos por iniciar formalmente el proceso electoral en México. Cuál es la mejor elección en cuanto a candidatos y/o a partido político se refiere? ¿Por quién voto o no voto? ¿Anulo mi voto?

Si tengo credencial de elector vigente y me interesa la construcción política de mi país, ésta es una pregunta que muchos millones de personas enfrentaremos en  los siguientes meses, regresa pues este periodo donde las amistades comienzan a tomar un matiz distinto. Aquel que como el líquido fluorescente que inyectan en las venas los médicos para conocer el estado de las arterias, encienden lo que hay en nuestro interior. Conversaciones de sábado y domingo en familia que ponen su armonía en riesgo no sólo por “si fue penal o no fue penal” o “porque le voy a las Chivas o al América” sino por quién voy a votar. Y es que votar es sin duda un reflejo de quién soy, es de hecho la expresión de quién verdaderamente soy; es la expresión de qué es lo que me importa y en qué creo o en qué ya no creo.

Si en una familia en ocasiones esto puede llevar a auténticas batallas de sobremesa, imaginemos lo que pasa a nivel a nacional. Cada pequeña conversación de estas son un reflejo clarísimo, por un lado de la topografía y variedad de nuestro entorno social, personal y por el otro de la diversidad nacional. Por ejemplo, si en todas las conversaciones que tengo alrededor de este tema en la generalidad estamos de acuerdo en que la elección de tal o cuál candidato es la correcta; si de aquí  a julio me paso escuchando los mismos argumentos de por qué hay que descartar a este o apostar por aquel, seguramente llegaré mucho más convencido a las urnas. Será interesante también preguntarme ¿Por qué es que escuché y repetí durante seis meses los mismos argumentos?

Eso habla de que la pluralidad y diversidad de mis círculos sociales es bastante pobre. Porque considerar que lo mejor para el país es lo mejor para mi y los míos habla de cierta miopía al menos acerca de la diversidad de circunstancias, de razas, de educación, de niveles sociales del resto de los mexicanos que no soy yo.

Ahora si por el otro lado durante los siguientes seis meses me he encontrado en esas sobremesas y discusiones donde escucho posiciones diversas y encontradas, es un indicador de que al menos mi interacción social es hasta en cierta medida un equivalente del reflejo  de la realidad de nuestro país. Tal vez para cuando llegue a las urnas estoy al menos un poco más informado porque he escuchado verdaderamente diversos puntos de vista.

Estos dos caminos ya son de sí un indicativo de cómo vivo la vida, sobretodo si soy de los que tiene acceso a todos los niveles y a todas las realidades. Porque es de entender que una gran parte de la población no puede fácilmente ver más allá de su entorno. ¿Pero y cuando tenemos los medios, la educación y la posibilidad de ver más allá de nuestra comunidad inmediata? Desde una perspectiva digamos de tercera persona, más objetiva, si México fuera una persona y le podríamos preguntar ¿De cara a los siguientes seis meses qué tipo de persona quieres que elija tu futuro? ¿Qué características tendría que tener esta mayoría que por voto va a elegir tu futuro?

Porque si bien la democracia es un estado de más desarrollo en nuestro progreso social y la República es sin duda un avance fundamental con respecto a otras formas de gobierno como la monarquía o la dictadura, sigue siendo un nivel todavía perfectible y desde cierta altura subdesarrollado porque en realidad asume y parte del principio de que unos ganan y otros pierden. Así que si le preguntáramos a México: México ¿Cómo quieres que sean las personas que te elijan por mayoría? Quizá una posible respuesta sería: “Me gustaría todos estuvieran de acuerdo, que no hubiera mayoría. Porque cuando unos ganan, otros pierden y no me va bien.”

A lo que contestaríamos “Sí, idealmente es lo que quisiéramos pero en este momento no estamos listos para tomar decisiones y ponernos de acuerdo en consenso. A lo sumo lo que tenemos es un procedimiento de votación en el que unos van a perder y otros van a ganar. Así que México, te vuelvo a preguntar: “Dime cómo es esa persona prototipo de esta mayoría que va a decidir tu futuro: una persona apasionada por defender sus ideas y a su grupo sean los de derecha, sean los de izquierda, sean los ricos, sean los pobres, sean los indígenas, sean los guerrilleros, sean los industriales… o este grupo de  personas compuesto por individuos que se han formado una opinión educada y responsable después de indagar y entender todos los puntos de vista.

Creo que México diría sin duda: “por favor que elijan aquellos que están pensando no en su beneficio, sino en lo que es mejor para México.”

En la siguiente serie de posts intentaré desarrollar un modelo integral de participación civil muy simple, que yo pueda poner en práctica al elegir. Por el momento la pregunta es así: Si hoy fuera la elección, ¿Tienes claro qué es lo mejor para todos los mexicanos? ¿Votarías pensando en lo mejor para México o en lo mejor para ti y tu grupo?

¿Cuál va a ser mi elección?

Parar

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Desde que suena el despertador por la mañana, hasta el fin del día, literalmente no paramos. En el entorno profesional especialmente, donde las reuniones y llamadas se enciman unas con otras y es común comer trabajando, transportarnos trabajando, cenar trabajando; no paramos. Así transcurre nuestra vida, sin parar. Una doble sensación impera; por un lado sentimos que avanzamos mucho y a la vez parece que no avanzamos lo suficiente. Los correos electrónicos y los mensajes no cesan; los pedidos y los pendientes se acumulan y nos acostumbramos fácilmente a terminar el día sin sentirnos “completos”…“Mañana será otro día…”

Es preciso “parar” y poner atención, porque la vida se va fácil sin que nos demos cuenta. Parar, entonces es equivalente a poner atención a lo que está sucediendo en todo momento. Parar para mirar qué pasa cuando trabajas como si “lo que cuenta es el resultado”; parar para mirar cuál es el impacto que la forma en que conduzco mi vida tiene en los demás; en mis compañeros de trabajo, en mi familia, en mis amigos, en el mundo. Parar para escuchar lo que mi corazón, mi cabeza y mi cuerpo tienen que decir de las decisiones que tomo, parar para encontrar aquello que está más allá de mi y que tiene que ver con mi vida y el rumbo que lleva.

¿Cuándo fue la última vez que paraste? ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste sencillamente para estar presente contigo? Sin distracciones de ninguna clase. Con tus pensamientos, pero con más que con tus pensamientos. Porque los pensamientos son, en buena medida otra distracción más de lo que es esencial. De aquello que sólo se ve si ponemos atención. De aquello que soy yo. “Quién soy yo? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué es lo que sigue para mi? ¿Qué es lo más significativo que puedo hacer con mi vida en este momento? ¡Vaya preguntas!

Cuando leo acerca de las vidas de personas que han tenido un impacto significativo en el mundo, se refieren a ello en diversas formas: “introspección”, “reflexión”, “meditación”, etc. Por ejemplo Martin Luther King meditaba con las escrituras bíblicas, Leonardo Da Vinci caminaba por el campo buscando respuestas a cosas que no entendía, Einstein decía sobre su práctica “Pienso 99 veces y nada descubro. Dejo de pensar, me sumerjo en el silencio, y la verdad me es revelada.”

Más en la actualidad, Steve Jobs practicaba meditación Zen para reducir su estrés, obtener más claridad y mejorar su creatividad, Padmasree Warrior jefa de tecnología y estrategia de Cisco Systems, medita todas las noches y pasa sus sábados haciendo una “desintoxicación digital”, Oprah Winfrey dice que se sienta en la quietud durante 20 minutos, dos veces al día. Otros líderes que practican meditación, atención plena o mindfulness son Bill Ford, Larry Brilliant ex director de Google.org director, Rupert Murdoch, presidente y CEO de News Corp, entre otros. 1 Diferentes formas de detener el ritmo de la vida cotidiana para encontrar algún tipo de respuesta; para disparar un proceso de “entendimiento” que les permita responder mejor a los desafíos que la vida les va sorteando.

Parar por unos minutos o unos días es completamente posible, no sólo recomendable, sino indispensable para encontrar el sentido más profundo a nuestras vidas y con ello asegurar que cada interacción, cada decisión venga de un lugar que no se limita a nuestros pensamientos, a nuestros deseos o nuestros miedos, sino que responde a los cimientos de nuestra integridad y a lo que entendemos que es mejor para el mundo. Esto es para mí, vivir despierto.
1 http://www.huffingtonpost.com.mx/entry/business-meditation-executives-meditate_n_3528731

Parar