Los demás tienen la razón… y también tú.

Integrar perspectivas, un acto de paz.

BE01

“Los seres humanos, que son casi únicos en su habilidad para aprender de la experiencia de otros, son también notables por su aparente aversión a hacerlo.”                                       -Douglas Adams

 El camino más definitivo para construir la paz es a partir de tomar consciencia de mi perspectiva y de la perspectiva del otro. El acto de paz aparece cuando logro integrar las dos.

Para entender las perspectivas, que mejor que el fútbol. Cuando asisto al estadio esto se vuelve muy evidente: si estoy sentado en las gradas de hasta arriba, mi perspectiva del partido es completamente diferente a la que tengo cuando estoy sentado hasta abajo. Es el mismo partido porque el resultado y el desempeño fue igual, pero es otro partido porque cuando estoy sentado en la parte superior del estadio la individualidad de los jugadores se desvanece y aparece el juego de equipo; puedo mirar cómo van corriendo todos por la cancha y reconocer las formaciones. Cuando estoy a nivel cancha, la perspectiva es diametralmente opuesta, lo que veo es el detalle. Mis ojos siguen a determinado jugador, a cada pase y a cómo se anota el gol; así de sencillo es: todo lo veo parcial. Podrías pensar que no hay consecuencia en sentarte en lugares diametralmente opuestos en un partido de fútbol; pero si llevamos este ejemplo a una discusión, las consecuencias pueden ser mucho más serias que sólo perderme una parte del partido.

Moshe Dayan, un político y militar israelí alguna vez dijo: “Si quieres la paz, no hablas con tus amigos. Hablas con tus enemigos.” Imaginemos una comida dominical entre familiares y amigos. Típicamente cuando aparece un tema que confronta las diferentes perspectivas sobre las preferencias sexuales, políticas, religiosas o morales, lo que sucede es la polarización y la necesidad de probar que mi punto es el correcto y que el otro está equivocado. Los que estamos en la mesa notamos que comienza a aparecer un conflicto y un potencial daño a la relación. Conforme cada parte va defendiendo ciegamente su postura el potencial desastre crece. Podemos observar entonces que para que haya un conflicto, es necesario que para ambas partes la única opción sea tener la razón. Esto sucede porque dentro de este paradigma estoy mirando el mundo solamente desde mi perspectiva, lo cual manifiesta el principio de que el mundo es como yo lo veo. Es decir, yo le doy significado a la realidad y está condicionada por mi visión del mundo.

¿Pero para qué quiero integrar las perspectivas de los demás, cuando yo sé que estoy en lo correcto? Tómate un momento para pensar en alguien con quien estás en desacuerdo. Sin conocer a esa persona me atreveré a decir que esa persona tiene razón. Arbinger Insitute lo explica de la siguiente manera: “Entre más seguro estoy de estar en lo correcto, es más probable que, de hecho, esté equivocado. Mi necesidad de estar en lo correcto hace más probable que esté mal.” En otras palabras mal se refiere a no poder ver lo que la otra persona ve.

Para integrar perspectivas se necesita desarrollar y expandir la consciencia. Recordemos que perspectiva significa el lugar desde donde veo las cosas; consciencia se refiere a darme cuenta que las cosas las veo desde ese lugar; y expansión de la consciencia significa integrar el mayor número de lugares posibles desde donde veo la situación. Por ejemplo, el concepto de dolor es distinto para una partera que para una viuda. Son las mismas palabras, pero los significados son algo que dependen de quiénes somos, cómo somos y cómo miramos al mundo. En palabras de Nietzsche: “No hay hechos, sólo interpretaciones.”

En el libro Los 7 Hábitos de la Gente Eficaz, el autor relata una experiencia que tuvo:

Recuerdo un “minicambio” de paradigma que experimenté un domingo por la mañana en el metro de Nueva York. La gente estaba tranquilamente sentada, leyendo el periódico, perdida en sus pensamientos, o descansando con los ojos cerrados. La escena era tranquila y pacífica.

Entonces, de pronto, entraron en el vagón un hombre y sus hijos. Los niños eran tan alborotadores e ingobernables que de inmediato se modificó todo el clima.

El hombre se sentó junto a mí y cerró los ojos, en apariencia ignorando y abstrayéndose de la situación. Los niños vociferaban de aquí para allá, arrojando objetos, incluso arrebatando los periódicos de la gente. Era muy molesto. Pero el hombre sentado junto a mí no hacía nada.

Resultaba difícil no sentirse irritado. Yo no podía creer que fuera tan insensible como para permitir que los chicos corrieran salvajemente, sin impedirlo ni asumir ninguna responsabilidad. Se veía que las otras personas que estaban allí se sentían igualmente irritadas. De modo que, finalmente, con lo que me parecía una paciencia y contención inusuales, me volví hacia él y le dije: “Señor, sus hijos están molestando a muchas personas. ¿No puede controlarlos un poco más?”  El hombre alzó los ojos como si sólo entonces tomara conciencia de la situación, y dijo con suavidad: “Oh, tiene razón. Supongo que yo tendría que hacer algo. Volvemos del hospital donde su madre ha muerto hace más o menos una hora. No sé qué pensar, y supongo que tampoco ellos saben cómo reaccionar.”

¿Puede el lector imaginar lo que sentí en ese momento? Mi paradigma cambió. De pronto vi las cosas de otro modo, y como las veía de otro modo, pensé de otra manera, sentí de otra manera, me comporté de otra manera. (Covey 33)

La idea de que yo respondo al mundo conforme lo veo y veo el mundo conforme soy yo  se hace evidente una y otra vez en las complejas interacciones humanas. Si tengo claro esto, entonces como dijimos al principio poder integrar las perspectivas de los demás, es decir reconocer que la razón por la cual los demás ven el mundo a su manera, diferente a la mía es porque ellos también ven el mundo como son ellos. Entonces no es un tema de cómo yo lo veo o como tu lo ves, sino como yo lo veo y como tu lo ves. El mecanismo por el cual puedo comenzar a integrar la perspectiva de los demás es la frase “Sí… y también…” Es decir, “Sí, entiendo que para ti así sea y también lo que para mí es, es igual de válido.” Ken Wilber dijo: “No ha existido nadie tan inteligente como para estar siempre equivocado, por lo tanto todos tenemos un pedazo de la verdad.”  Lo que significa que todos tenemos algo de razón. ¿Recuerdas esa persona con la que estás en desacuerdo? Más allá de pensar que tú tienes la razón, ¿podrías pensar que esta persona no puede estar 100% equivocada? Analiza qué produce en ti el que esa persona, igual que tú, tiene algo de razón acerca del tema del que están en desacuerdo. Puedes decirle: “Sí, para ti es así y también…” A esto le llamamos integrar perspectivas, quizá el acto más contundente de paz y evolución a nuestro alcance. Imagina cómo sería el mundo si políticos, empresarios, militantes, entre otros, comenzaran a integrar perspectivas. ¿Puedes pensar en cuántos recursos se ahorran cuando los grupos de trabajo en lugar de querer convencer a los demás, aprenden a escuchar e integrar?

Te invitamos a ver el video “The Guardian” que dura 30 segundos:

Los demás tienen la razón… y también tú.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s