No vendas tus ideas, compra las de los demás.

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“Lo importante es no dejar de cuestionar. La curiosidad tiene su propia razón de existir.“

Albert Einstein

Continuando con Integrar perspectivas, un acto de paz, ahora quiero profundizar en cómo es que podemos llevar esto a la vida práctica y qué impacto puede tener en el trabajo de equipo y en las organizaciones.

Piaget hizo un experimento para su teoría del desarrollo de conocimiento, que sienta bases muy claras para entender la toma de perspectivas como un proceso complejo de pensamiento. El experimento consistió en mostrarle a niños un cubo de color diferente en cada lado. Imaginemos que el color que quedaba del lado de los niños era blanco y el del investigador rojo. Después, giraba el cubo de tal forma que los niños veían rojo y el investigador blanco y les preguntaba que color veían ellos; todos contestaban que rojo. También les preguntaba qué color estaba viendo él. Piaget descubrió que los niños menores a 6 años respondían “rojo”. Mientras que los niños mayores a 6 años respondían “blanco” confirmando el color que el investigador estaba viendo. Este proceso de toma de perspectiva del otro es una habilidad compleja que únicamente se desarrolla después de los 6 o 7 años. Hasta antes de eso, los niños normalmente reportan lo que ellos ven. ¿Cuántos niños de éstos conoces en tu organización de 30, 40, 50 y 60 años?

Aunque de chicos aprendemos a tener un pensamiento complejo, dejamos a un lado el tomar la perspectiva de los demás, porque significaría dejar de defender la nuestra. Y cuando yo dejo de defender mi perspectiva tengo una sensación de debilidad. Lo más importante es que la gente me entienda porque esto reafirma mi identidad. Entonces, pongo toda mi energía en que otros entiendan cómo yo veo las cosas.

¿Cómo podrías poner en práctica el ejercicio de tomar la perspectiva de los demás en tu vida diaria? Como hemos mantenido a lo largo de éstas colaboraciones, en nuestro trabajo, el principio fundamental es que no hace falta que los demás cambien. El impulso natural de que los demás sean los que cambien, te resta fuerza. En realidad la única persona que puede cambiar eres tú. Regresando al tema de las perspectivas, la única persona que puede tomar la otra perspectiva eres tú. No es tan importante si la otra persona tomó tu perspectiva o no, es mucho más importante que tú puedas comenzar a desarrollar la habilidad de tomar la perspectiva del otro.

Por ejemplo, haces una presentación en el trabajo y al finalizarla tu jefe te da su perspectiva como si no hubiera escuchado lo que dijiste. Tu sensación es que no te escuchó y que lo que dijiste no le llegó. Tu impulso puede ser tratar de explicarle y convencerlo sobre lo que tú ves. Sin embargo, lo que sugerimos es que si tú eres el que cambia su perspectiva hay un efecto en los demás. Entonces, imagina que en esta ocasión, en lugar de tratar de convencer a tu jefe, intentas entender qué es lo que él entendió sobre lo que tu dijiste y hacerle saber que te interesa entender qué es lo que él ve que tú no ves. Esto, sin duda, te ayudará a volverte más capaz para hacer una presentación más completa y, finalmente, a ser una persona más consciente.

Te invitamos a que consideres que tomar la perspectiva del otro puede tener un impacto positivo en la otra persona. Pero más importante, te permitirá ver cosas que tú no habías visto antes y este proceso de desarrollo que implica el pensamiento complejo según Harvard Business Review ¡sólo lo tienen el 3% de los CEOs del mundo!

No vendas tus ideas, compra las de los demás.

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