Lo que te pasó no importa.

BE05

“El mundo es perfecto. Es un caos. Siempre ha sido un caos.”

Joseph Campbell

La vida está llena de circunstancias imprevistas que suceden fuera e independiente de nosotros. Podemos referirnos a ellas objetivamente: “Se cayó el mercado”, “Hicieron un recorte y me corrieron”, “Hubo una manifestación y llegué una hora tarde al trabajo.” Es más fácil conocer su causa y señalarla. Sin embargo, en ocasiones estos fenómenos son mucho más complejos de entender. Por ejemplo: “Esta persona no me entiende” o “Mi jefe la trae contra mí.” Los primeros ejemplos son concretos, al contrario de los segundos donde no hay una distinción clara entre si verdaderamente está pasando o yo lo estoy interpretando así. En cualquiera de los casos, lo que es un hecho es que estoy incómodo porque están cambiando las reglas del juego.

Normalmente, cuando esto sucede nuestra tendencia es a tratar de encontrar el motivo: “¿Por qué se cayeron las ventas?”, “¿Por qué no le caigo bien a mi jefe?”. Nos aventuramos a buscar la causa que corrobore que, en realidad, no es por nuestra culpa que estamos fallando. En otras palabras, nuestra atención y nuestra energía se enfoca en aquello que nos pasó o aquello que nos está pasando. Esto responde a un primer instinto de supervivencia: si llegamos tarde a una junta por que en el camino había una manifestación, nuestro instinto nos puede decir que debemos salvar nuestra imagen y la manera más efectiva que encontramos es explicar que llegamos tarde por causas ajenas a nosotros. Aunque, en principio sintamos que quedamos bien, el hecho es que frente a los demás aparecemos más débiles que fuertes. Lo que está sucediendo es que estamos perdiendo el control sobre nuestra capacidad de responder ante la situación. Es decir, cuando algo nos sucede, lo natural es encontrar la causa para poder responder a ella. Resulta útil entender que la causa y lo que nos sucede es algo que está  fuera de nuestro alcance y nuestro control. Es algo que, de hecho ya sucedió: “Llegué tarde a la reunión”, “Ya me corrieron”, “Ya se cayó el mercado.”

Sin embargo, las cosas suceden temporalmente y el fenómeno se manifiesta y pasa. Querer atarnos a lo que pasa es, entonces, una forma de no abrirnos a futuras posibilidades; es una forma de restar capacidad intelectual, física y energética a nuestra respuesta por estar apegados a lo que está sucediendo. En un artículo publicado por National Geographic en el que entrevistaron a sobrevivientes  de catástrofes de todo tipo, descubrieron que una de sus principales características es que centraron su atención y energía en lo que seguía, es decir, sobrevivir, en lugar de en el por qué sucedió.

Nos tardemos dos años o nos tardemos treinta minutos en lograrlo, el cambio de enfoque en donde aceptamos lo que ya sucedió y comenzamos a poner nuestra energía en lo que queremos que suceda, hace una diferencia sustancial en el desempeño frente a los problemas de la vida. Algunas veces esto puede tomar aún más tiempo, por ejemplo, un duelo supone un trabajo enorme al aceptar la pérdida y empezar a mirar el futuro; en contraste a una confrontación momentánea con la pareja.

Este cambio de enfoque se dice fácil pero es difícil. Arquetípicamente hablando, esto lo podemos observar en el libro Jornada del Héroe, donde Joseph Campbell hace un recuento de lo que los héroes han atravesado en su vida; un camino en donde a nuestro personaje —tú y yo— la vida le presenta circunstancias fuera de control que le cambian la forma en la que vive la vida. El héroe comienza un camino en caída; como si cayera dentro de un hoyo y fuera rodando hasta llegar a un momento de oscuridad absoluta: la noche oscura del alma, diría el autor. Es el momento en el cual nada de lo que sabemos nos sirve para entender lo que nos pasó; todo carece de sentido; no lo podemos entender; no nos sentimos suficientemente efectivos para poder enfrentarlo. La noche oscura del alma aparece, figurativamente hablando, como un monstruo; como un ser de nuestra sombra, alguien que viene a confrontarnos. Pero a su vez, entendemos que hay una salida. Y es justo nuestra capacidad de entender lo que sucedió lo que puede liberarnos para experimentarlo de otro modo, cambiar el enfoque  y salir de esa oscuridad. En la mayoría de las veces, esta sombra aparece en la figura de un maestro o de alguien que, como ya ha recorrido este camino, sabe que hay salida. Y entonces empezamos a ver la luz  al final del túnel. Comenzamos a entender que no controlamos lo que nos pasa, pero sí cómo nos referimos a ello: “Esto sucedió y me afectó de esta forma” en lugar de “Me hicieron esto”. No somos lo que nos pasó, sino que quienes somos se ve reflejado en cómo respondemos a las circunstancias. Joseph Campbell explica que cuando el héroe finalmente sale de la oscuridad, él o ella emerge a un nivel superior de desarrollo. Esta experiencia le ha permitido al protagonista convertirse en mejor persona. Así pues, no es importante lo que nos hacen, sino lo que hacemos con lo que nos hacen. Desde el punto de vista Integral a esto se le llame Integrar y Trascender. No es que se trate de olvidarlo; no tiene nada que ver con la negación. Por el contrario, se trata de una aceptación total con el corazón, con la mente y con el cuerpo— con todo nuestro ser. Aceptar que así pasó y luego preguntarse qué quiero hacer con ello.

Lo que te pasó no importa.

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