Olvida los propósitos de año nuevo…

…Mejor elige en quién te quieres convertir.

“Sacrificio significa dejar ir algo inferior por algo superior, sacrilegio es dejar ir algo superior por algo inferior”

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En un reciente estudio por la Universidad de Scranton, publicado en el Journal of Clinical Phsycology sólo el 45% de los Norteamericanos adultos tiene propósitos de año nuevo y sólo el 8% tienen éxito. Hacer -escribir- propósitos de año nuevo es sencillo. Cumplirlos es otra historia. Todos tenemos nuestra historia de éxitos y fracasos en lo que nos proponemos año con año. Entre los propósitos más comunes están: perder peso, dejar de fumar, ahorrar, enamorarse, mejor calidad de vida, etc. Aunque se dicen -y escriben- fácil, cualquiera de estos propósitos, de lograrse significa, sin duda, una cambio significativo en la vida de quién se lo propone. Las personas que han vivido con sobrepeso o inestabilidad financiera y logran el peso adecuado o tranquilidad en las finanzas personales experimentan un cambio radical en su vida,además  impactando positivamente a la gente cercana.

Entonces, ¿porque si año con año soñamos con una vida aún mejor, en ese aspecto -cada quién tendrá el suyo- seguimos fallando? Una respuesta a esto es precisamente que ya hemos aprendido a fallar. Nuestra consciencia está limitada por nuestro desarrollo cognitivo, que empíricamente nos demuestra, año con año, que aunque deseamos perder peso, sabemos que en eso, fallamos. “La gente no cambia” escuchamos -y repetimos- comúnmente. No sorprende el hecho de que del 8% que logran sus metas, sólo el 14% lo logra cuando está alrededor de los 50 años.

Sin embargo, también hemos experimentado y visto a personas que sí lo logran. De hecho si pienso en muchos de mis seres cercanos, amigos, socios y familia, presencié algunas transformaciones importantes durante 2013. Desde los que finalmente incorporaron una práctica para un cuerpo más sano y modificaron su figura, hasta reestructuras  financieras personales completas, pasando por quiénes establecieron, finalmente relaciones profundas llenas de sentido. Para todos ellos, este año será en sus propias historias un año en el que pasaron de un nivel de desarrollo a otro superior y como me compartieron, sus vidas “cambiaron para bien”. A todos ellos los reconozco y honro con respeto, pues pasaron por momentos duros y desafiantes lográndose mantener en lo que se propusieron para alcanzar su objetivo. Todos se transformaron y florecieron y de paso me inspiraron e inspiraron a muchos más. Así que efectivamente, lo podemos lograr y también, efectivamente podemos fracasar.

En mi vida y en mi trabajo  he tenido el privilegio de acompañar a muchos en su búsqueda por lograr lo que se proponen. Y al estar a su lado y también observar mi propia experiencia concluyo que el cambio es posible, aunque lejos de la filosofía de la “Nueva Era” al estilo “El Secreto” que supone que es suficiente con “escribir y declarar al universo que este año encontraré el amor”. Eso es sólo un deseo expresado y hasta hoy todo lo que he logrado que vale la pena ha sido resultado de sacrificio y empeño. Cualquier cosa que no requiere estos componentes es suerte – o el universo o Dios o lo que sea- y depende estrictamente de no atuar con responsabilidad; con responsabilidad incondicional.

Así que modifiquemos la pregunta. En lugar de preguntar ¿Porque continuamos fallando en aquella meta que necesitamos alcanzar?, preguntémonos “Qué es aquello que puedo obtener, que es es más importante que la meta en sí? Por ejemplo, si deseo perder peso – o un cuerpo más sano- ¿Qué es aquello que obtendré que es más relevante que perder peso? La respuesta para algunos podría ser “sentirme más cómodo en la intimidad” o “ser notado y gustar en mis círculos sociales para encontrar alguien con quién compartir mi vida”. Cualquiera que sea el propósito superior, lo que es seguro es que ahí y no en la propia tarea, es donde se encuentra la energía necesaria para enfrentar los desafíos que en el camino hacia lograr la meta irán apareciendo. ¡Correr 3 veces a la semana es algo estrecho y acaso pobre comparado con llegar a los 80 años con salud!

En su extraordinario trabajo, Inmunity to Change, Robert Keagan y Lisa Lahey exploran porqué es que tendemos a no cambiar. Su último trabajo, que incorpora la tesis previa de que en la forma en que hablamos -la forma en que entendemos y nos relacionamos con las experiencias- define nuestra habilidad para cambiar, introduce la idea de la “ansiedad y la gran suposición” como el sistema que nos hace inmunes al cambio. A partir de su vasta experiencia de campo, ellos concluyen que la idea de cambiar, por ejemplo estar en forma o ser financieramente independiente, incluye una suposición subyacente que nos produce ansiedad. Siguiendo el mismo ejemplo, si yo deseo tranquilidad financiera, cuando imagino que ya lo logré, es decir que ya tengo estabilidad, también experimento ansiedad que viene de alguna suposición. En este caso podría ser alego como “¿Si ya tengo estabilidad y no ando sufriendo al final de cada mes, ahora cómo obtendré la atención, el cariño y la admiración de mi familia?” Sé que a primera vista esto suena incluso ridículo para los demás -o para la persona tratando de hacer el cambio- y eso es justo lo que lo hace relevante, ya que cognitivamente hablando yo sólo puedo entender aquello que conozco. Para todos nosotros ver algún ser querido luchar con el sobrepeso a la inseguridad económica puede resultar simple de resolver: haz dieta y ejercicio, gasta menos y produce más.  Sin embargo para el individuo en turno, descubrir -y aprehender- que es precisamente aquello que está asumiendo que sucederá si logra su meta lo que le produce ansiedad y una lealtad no visible, le abre una poderosa fuente para el cambio. “Quiero transformarme en una persona financieramente sana y me preocupa que al lograrlo pierda afecto y atención de mi familia…y por lo mismo para poder ser financieramente libre voy a gastar menos, producir más y me voy a enfocar en descubrir nuevas formas de experimentar afecto de y hacia mi familia”. O dicho de una manera más consciente: “Este año voy a expresar mejor atención y amor a mi familia a través de alcanzar la estabilidad económica. Para lograrlo voy a gastar menos y a generar más”. Es decir, la persona quiere convertirse en “alguien financieramente sano y querido por su familia”. Este principio lo va a ayudar a pasar los desafíos que se presenten, como  por ejemplo renunciar a vacaciones, a comprar artículos que desea o a proveer menos confort del que quisiera a su familia. En la búsqueda por transformarse a sí mismo y a su familia está la motivación. No en el saldo de la cuenta en el banco.

Así que este año olvida las listas de propósitos de año nuevo y elige una cosa, aquella que sabes que si l a logras, tu vida va a evolucionar y mejorar y haste la pregunta del propósito. ¿Qué es aquello que resulta más valioso que la propia meta y por lo que vale la pena poner todo mi empeño? Y luego anota lo que debes hacer para lograrlo. Después practica. Practica. Practica. Si se trata de perder peso, conecta con tu propósito superior, encuentra qué es aquello que supones y te produce ansiedad en caso de que lo logres y elige en quién te quieres convertir. Luego enfócate en tu práctica (ej. correr, dieta, etc) no porque lo que importe es hacer sino porque hacer, sólo por hacer es la única manera de conectar y lograr lo que más te importa. Es por esto que durante 2013 vi a muchos correr a pesar de la lluvia y el mal tiempo, ahorrar y sacrificarse o levantarse temprano a practicar. Esto es lo que impulsa a estos individuos que logran lo que se proponen, no lo que desean sino en lo que se quieren convertir. Yo ya tengo lo mío para este año y el 30 de diciembre de 2014 compartiré cómo me fue.

Feliz Año

Olvida los propósitos de año nuevo…

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