Yo soy líder…

…porque no hay otra opción. Todos necesitamos ser líderes.

BE09

“Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros juntos”

Dicho Japonés

Desde pequeños la figura mítica que reconocemos y buscamos es la del héroe, ya sea en los dibujos animados, en alguna estrella de la televisión o incluso en nuestros padres. El héroe, de pequeños, representa una puerta que se nos abre hacia el futuro y hacia nuestro potencial. Es como si al aferrarnos a la figura del héroe, un magnífico escenario para nuestra vida se pusiera frente a nosotros. Cuando somos niños, esas mujeres y hombres nos inspiran a desear convertirnos en quienes queremos ser y resultan increíbles compañeros de viaje; aún para el más solitario. Cuando estamos en proceso de crecimiento y aprendizaje de las convenciones del mundo y de la sociedad, el héroe representa la posibilidad de no ser convencional, de no ser como todos y de tener un motivo superior que defender.

Conforme crecemos comenzamos a ver esos magnos poderes de los héroes como fantasía, como poderes mágicos la posibilidad de hacer de nuestra vida un viaje inspirador y heróico; hasta que entonces aparece, quizá más en la juventud, la figura del líder. Aquella persona que aunque más vulnerable se vuelve, incluso más poderosa que la figura del héroe, porque es una persona como nosotros que hizo algo que nos inspira. Ya no es un héroe mítico de la fantasía, sino un líder de carne y hueso. Seguimos creciendo y paradójicamente encontramos que es a partir del liderazgo de alguien como nosotros lo que nos permite desafiar y trascender los convencionalismos tan estridentes y nos inspira a creer en las posibilidades de un mundo mejor.

Cada vez somos más personas en el mundo los que descubrimos que existe algo más poderoso que los líderes que mueven al mundo. Si las miles de personas que siguen a un líder se pudieran descubrir a sí mismos como sus propios líderes y descubrir que cuando ellos, y muchos como ellos, asumen con responsabilidad su vida, el impacto, aunque menos revolucionario, sería más sostenible.

Después de pasar del liderazgo mítico al liderazgo humano podemos reconocer la importancia de nuestro propio liderazgo, que aunque menos multitudinario, en muchos sentidos resulta mucho más poderoso.

La capacidad de mirar al mundo desde la humildad parece ser la constante en los líderes que logran llegar a un siguiente nivel de conciencia y desarrollo. Es precisamente la humildad el paso que permite al yo líder asumirse como agente de cambio.

La arrogancia, es decir, la capacidad con la cual puedo expresar una verdad relativa como absoluta y expresarla de tal manera que para miles también se vuelve absoluta; se vuelve la seducción necesaria para las revoluciones de los líderes convencionales. Son las consignas, las buenas palabras, esas que son concretas y a la vez abstractas, las que acompañan la descripción de la verdad absoluta. Pero ahora hay una camada de personas, jóvenes muchas de ellas, que conocieron la abundancia educativa, económica y hasta el éxito empresarial, como muy pocas otras generaciones lo hicieron. Un paseo por Silicon Valley denota justo eso: jóvenes millonarios que se encuentran en la simpleza, en la apertura, transparencia y que ondean en su espíritu emprendedor que han descubierto que el tema está en ellos mismos, es decir, en el yo líder.

Google, que inició como un motor de búsqueda, comenzó una evolución de su cultura con un programa que oportunamente bautizó como: Busca dentro de ti (search inside yourself). Esta generación que tuvo héroes y que conoció a los líderes de carne y hueso cuando adolescentes tuvo mucho más acceso a la información, al contenido, a la educación y descubrió que sus líderes tienen un lado oscuro. El mito poco a poco fue pasando y la realidad se impuso, la realidad que solamente se puede asumir con la responsabilidad, la realidad que se reconoce diciendo: “Esto es lo que yo veo, ¿tú que ves?” Yo soy líder porque no hay otra opción, porque hasta hoy el cambio multitudinario inspirado en la verdad absoluta de una persona ha demostrado, en muchos casos, y en otros poco sostenible.  Hay mucho más muertos en el siglo XX por líderes que “vendieron” sus ideas, que por conflictos bélicos.

Tenemos la información suficiente para entender cómo es el mundo; ya no hay mucho más que ver. Lo que hace falta es que cambiemos la manera en la que vemos el mundo. Nosotros definimos la realidad y en la medida en la que podamos incorporar la perspectiva de los demás, nuestra propia realidad va ampliándose y descubrimos que lo que nos conecta, lo que permite esa integración de perspectivas es la compasión. El líder: Yo líder, en realidad, mejora el mundo sin estar en la portada de una revista o en la primera página de un diario, cambia el mundo con su trabajo cotidiano, con su humildad y compasión, llevando una vida íntegra y con su constante aprendizaje. ¿Puedes pensar en algunos?

Yo soy líder…

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