Encuentra un millón de dólares en tu negocio en una hora

BE10

“Tengo una importante regla: todo el mundo está en lo cierto o, mejor dicho, todo el mundo –incluido yo mismo– posee un fragmento importante de la verdad y todos estos fragmentos deben ser honrados, valorados e incluidos en un clemente, espacioso y compasivo abrazo.”

Ken Wilber

Conforme he ido desarrollando mi trabajo de consultoría enfocado en lo que hoy puedo llamar management consciente, cada vez resulta más fácil demostrar en los hechos, la relación directa entre el nivel de desarrollo de los líderes y sus equipos de trabajo con el desempeño del negocio.

Ya hemos hablado en otras ocasiones del Capitalismo Consciente, donde Rajendra S. Sisodia y John Mackey demuestran cómo aquellas organizaciones que han trascendido el liderazgo convencional y el enfoque suma cero, y que incluso han trascendido la responsabilidad social como la fórmula de ‘devolver algo a la sociedad’, han demostrado que el retorno en el beneficio del negocio a todos los stakeholders es arriba de la medida de la industria. Rajendra S. Sisodia, David B. Wolfe y Jagdish N. Sheth en su libro Firms of Endearment dicen que:

Una compañía humanista es manejada de tal forma que los accionistas—los clientes, empleados, proveedores, socios, sociedades y muchos inversionistas—desarrollan una conexión emocional con ella, una relación afectiva no muy diferente de la forma en que muchas personas se sienten acerca de sus equipos deportivos favoritos. Las compañías humanistas—o empresas conscientes—buscan maximizar su valor hacia la sociedad como conjunto y no sólo a sus accionistas. Son los creadores del valor definitivo: ellos crean el valor emocional, espiritual, social, cultural, intelectual, ecológico, y por supuesto, financiero. Las personas que interactúan con dichas empresas se sienten seguras y satisfechos con sus transacciones. Disfrutan trabajar con o para la compañía, comprando de ella, invirtiendo en ella, y teniéndola como vecina. [i]

En nuestro trabajo de consultoría frecuentemente somos invitados por las áreas de recursos humanos o desarrollo organizacional, lo cual hace difícil demostrar que existe relación entre el nivel de desarrollo de la persona y su equipo, y el desempeño del negocio. Más allá de las experiencias y creencias de que un líder puede mover a su organización a lograr resultados extraordinarios, la pregunta que siempre aparece sobre la mesa es: ¿cuál es el beneficio económico o el retorno de la inversión del desarrollo de un  líder o su equipo?

Yo no trabajo para desarrollar líderes, ni trabajo para mejorar el nivel de la organización. Lo que hacemos mis colegas y yo es hablar de los desafíos del negocio. Miramos junto con nuestros clientes los retos que el negocio enfrenta y los ayudamos a integrar las perspectivas de todo el equipo de trabajo. Generalmente las empresas están acostumbradas a una cultura jerárquica en donde los desafíos del negocio son enfrentados de acuerdo a la visión del más experimentado o el de mayor rango. Nuestra labor es facilitar el ejercicio del diálogo en donde todos puedan expresar su visión e integrarla, co-creando así oportunidades que de otra manera no habrían sido posibles.

Cuando los individuos de un equipo, apoyados por consultores y expertos, están acostumbrados a defender su punto de vista de que el problema es como ellos lo ven, es imposible encontrar soluciones diferentes a las que ya se han probando. Sin embargo, cuando en vez de colocar los retos de la empresa en el Powerpoint de una pantalla, se colocan al centro de una mesa y se facilita el diálogo para coincidir en  lo objetivo, cuidar lo inter-subjetivo y asegurarse de que cada miembro del equipo tiene un buen lugar, los beneficios potenciales del negocio comienzan a aparecer. Cuando los individuos trascienden la competencia y arrogancia, instalándose en la mesa redonda para primero entender y luego hablar sobre los retos de la empresa, es posible encontrar beneficios millonarios.

Poner a un equipo multidisciplinario a dialogar y a co-crear estrategias para ahorrar, para aumentar la participación del mercado, para mejorar el EBITDA y para asegurar el buen desempeño de la organización, es un ejercicio que rara vez las organizaciones hacen y que en nuestra experiencia puede generar beneficios millonarios en cuestión de horas. No hace falta estudiar liderazgo, cambiar la cultura o irse un fin de semana a cruzar cuerdas entre árboles para que los equipos aprendan a confiar. Lo único que se requiere es que los miembros del equipo tomen un desafío del negocio y puedan expresar lo que ven y entender lo que los demás ven. A eso le llamamos co-creación y sólo es posible cuando el líder es líder de sí mismo y se suma al equipo con toda su responsabilidad, su humildad y su integridad.

[i] Sisodia, Rajendra, David B. Wolfe, and Jagdish N. Sheth. Firms of Endearment: How World-Class Companies Profit from Passion and Purpose. Upper Saddle River: Wharton School Pub, 2007. Print.

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