Llegó la hora, señor Presidente.

Es muy probable que su mejor legado no sea ejercer la Presidencia, sino dejarla.  
Y entiendo que debe de ser difícil siquiera pensarlo, porqué desde su perspectiva esto significaría un fracaso. Pero las ideas -como el poder, el dinero y en general todas las cosas- sirven hasta que nos limitan. Por ejemplo, aceptar la idea de que ha fracasado sirvió sólo para que los operadores políticos, los mexicanos y Usted, estemos de acuerdo. Pero es una perspectiva muy básica. Hay mucho más que fracaso aquí: hay corresponsabilidad, hay historia y cultura. 

Usted, aunque algunos se empeñen en demostrarlo, no es el culpable de los males de los mexicanos; no se lo tome personal. Cada uno de estos líderes de opinión que sale a crucificarlo desde su trinchera sólo demuestra una verdad fundamental que nos tiene atorados: divide y vencerás. Como si la única alternativa fueran realidades irreconciliables en México y sólo una parte de los Mexicanos tuviera derecho a estar bien.

No es usted. Somos nosotros. Soy yo. Usted, como yo y muchos de mis vecinos, hemos hecho lo mejor que hemos podido, con los recursos que tenemos, con la educación que definió nuestro origen. Que tire la primera piedra el Mexicano que nunca, en algún momento de su vida, actuó con dudosa base; sea económica, legal, moral o sencillamente imponiendo su status, su perspectiva. Esto es México por ahora; pero no sólo esto es México.

México también es un país joven con un potencial enorme, con recursos y con personas que han demostrado ser extraordinarias. México es una promesa en camino de ser verdad. Lo vemos diario en todos los ámbitos sociales; historias que inspiran a trascendernos. Hay maestros que generación tras generación tocan e impulsan a los niños, hay policías, diputados, empresarios, artistas, obreros, campesinos, que cuando mueren parten de este mundo dejando más de lo que recibieron. Mexicanos que a pesar de las condiciones sociales y políticas construyen un mejor lugar para todos. Increíbles historias que la gran mayoría de las veces ni se escuchan, pero que como gotas de agua en un estanque, llenan la superficie de ondas que se expanden. Somos muchos más los mexicanos que queremos un mejor lugar para todos, que los que no. 

Estos mexicanos extraordinarios -que a veces pueden pasar por ordinarios- tienen en común que ven más allá de sí mismos. Los guía un sentido de comunidad inicia en algo tan simple e inmediato como su familia y se extiende a dimensiones como la afición para la que juegan, los comensales para los que cocinan, los empleados y los clientes para los que trabajan; puede ser también su país e incluso el mundo. Para ellos, pasar a desapercibidos no es un problema, como tampoco tomar decisiones de largo plazo, porque entienden el valor de renunciar a cosas de orden inferior por alcanzar beneficios de orden superior. El opuesto a la consabida secuencia de verdaderos sacrilegios al estilo “casa blanca”, que restan claridad a los niños mexicanos porqué asumen que “el que no tranza, no avanza”. 

Por esto los mexicanos caemos fácilmente en quitarnos la responsabilidad individual culpando a los malos políticos o creyendo de más en los líderes mesiánicos que ahora sí “van a cambiar a México”. ¡Por favor! ¿Cómo decimos? “Es la misma sopa, pero con otra cuchara”. Ni Usted, ni nadie va a cambiar a México; somos nosotros, los mexicanos ordinarios, los únicos que podemos llevar a México al siguiente nivel. Somos todos, cuando logramos mantener nuestra integridad luchando por algo que vale más la pena que el beneficio inmediato e individual; cuando tenemos la entereza de seguir aún cuando perdemos. No son los políticos, porque por definición, para obtener una posición de liderazgo es preciso jugar el juego del poder.

Pero necesitamos de su ayuda. Usted puede elegir entre obstinarse por el poder, o de verdad servir a México, dejando su puesto político y actuando como ciudadano, de esos extraordinarios; pasar a la historia como un fracasado, o elegir ser un ciudadano ordinario y enfrentarse a sus demonios, los internos, que lo harían crecer y recobrar la estatura, aunque sea consigo mismo. Usted puede hacer algo simbólico que sirva para decir, “basta, el sistema que nos sirvió para salir de la pobreza revolucionaria y que nos trajo hasta aquí, no sirve para llegar a dónde queremos ir”.

Llegó la hora de que piense y viva como un ciudadano ordinario e intente convertirse en mejor persona, de preparar el terreno para los mexicanos que sí van a realizar el sueño de México. Deje la presidencia y en el camino haga algo que signifique un viaje sin regreso del México post-revoluicionario de instituciones, al México evolucionario de personas. Es justo en dónde menos cómodos estamos que podemos crecer como personas, y entonces nuestro regalo, aquello que venimos a dar al mundo, tiene un impacto constructivo. Enfréntese a sí mismo y corte amarras, para que México de una vez por todas, despierte.

Respetuosamente, un mexicano más.

Esta carta es extensiva a todos los líderes políticos, de cualquier partido o filiación, que han recibido mucho más de lo que han dado, con sus propios recursos. 

Llegó la hora, señor Presidente.

One thought on “Llegó la hora, señor Presidente.

  1. Andres Fabre says:

    Chingon, Rulito!

    Ya lo reenvié a varios grupos de chat

    Nos vemos la semana que entra

    Abrazo!

    Enviado desde mi iPhone

    El 14/09/2016, a las 20:58, Raúl Romero Havaux <comment-reply@wordpress.com> escribió:

    RR posted: “Es muy probable que su mejor legado no sea ejercer la Presidencia, sino dejarla. Y entiendo que debe de ser difícil siquiera pensarlo, porqué desde su perspectiva esto significaría un fracaso. Pero las ideas -como el poder, el dinero y en general t”

    Like

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