Crónica de una decisión en el Azteca -o una analogía fantástica- del México que no sabe cómo unirse, o una tesis de cómo los “Fifís” pusimos a AMLO donde está y perdimos el NAICM.

“Los del gallinero pueden aplaudir, los de los palcos basta con que hagan sonar sus joyas.” John Lennon

Quisiera comprender mejor por qué esta división tan cruda entre los mexicanos; vaya, este tema de “Chairos” y “Fifís”.

Las perspectivas de unos y otros están desde luego sujetas y fundadas en la forma particular de entender el mundo de cada quién. Aún, incluso entre cada uno de los grupos, hay perspectivas individuales que deberían de contribuir a enriquecer la visión colectiva de unos y otros. Pero no sucede así.

En mi caso particular, tengo la fortuna de haber crecido y de convivir con una diversidad asombrosa de mexicanos; desde -literalmente- los más ricos, hasta los más desafortunados. Intelectuales de izquierdas, derechas y centro, y hasta de tercera vía. Con los espirituales, los buena onda, los cool y los conservadores. Convivo o he convivido con empresarios que son corruptos y con otros que no lo son, con clérigos pederastas y maestros espirituales, con chamanes y médicos científicos, líderes sociales, evangelizadores cristianos y aguerridos ateos. Convivo con artistas, filósofos y conductores de Uber. Homosexuales, bisexuales, heterosexuales y homofóbicos. Con educadísimos hombres y mujeres que han viajado por el mundo; con gente muy trabajadora y modesta y con indígenas tzotziles.

Vaya, que he pasado mi vida rodeado, como cualquier mexicano, de una diversidad cultural, económica y moral sorprendente. Más aún, he viajado por una buena parte del país y constatado también la diversidad ambiental. México es considerado uno de los de los diez países megabiodiversos.

Todos los días en mi trabajo tengo el privilegio de sumarme a las historias de prosperidad y creatividad empresarial, que han hecho de México un gran país y que han elevado la calidad de vida de millones de mexicanos.

Es decir, como cualquiera de nosotros, estoy en contacto con muchísimo más que mi propio grupo social; mi perspectiva etno-céntrica se relativiza constantemente. Hay mucho más que mi “ambiente” social.

Después de algún tiempo, puedo decir que al escuchar con atención la perspectiva de cada uno de estos grupos, con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que, por absurdo que parezca, todos tienen razón. “Su” razón. En efecto, para mí, ahora, no hay mucho sentido en tratar de convencer a uno u otro de que lo que él o ella ve es parcial, no es completo y es incluso una especie de proyección de quiénes son. Que en realidad no veo las cosas como son, sino que las veo “como yo soy”. En otras palabras, que “chairos” y “fifís” tiene más que ver conmigo que con ellos. Y siempre vi el futbol en el Azteca desde un palco.

Me explico, y pongo el NAICM como ejemplo de una analogía que no escapa de mi cabeza cada vez que el tema (o cualquiera de los temas de la 4T) salen a la mesa.

Para los que están a favor de la megaobra (yo), cancelarlo no sólo es un error de unos 100 mil millones de pesos, sino que un proyecto de esa magnitud tiene un impacto favorable para el desarrollo de nuestro país con consecuencias económicas positivas. Vamos, como se dice en el argot de los negocios, “es un _no-brainer_” ¡Por Dios… se paga solito con los TUAs! Bueno, que no hay duda. ¿O sí? Que es conveniente seguir con el NAICM es absolutamente verdad y cualquiera con un poco de sentido común y capacidad para entender tres numeritos, estaría de acuerdo en que es un error suspender el proyecto. Esto es verdad… parcialmente.

Aquellos en contra del NAICM (yo también 😳), operan basados en dos principios. Primero, un aeropuerto no es prioridad para la mayoría, y segundo, hay formas más eficientes de resolver el problema de la saturación del tráfico aéreo en la CDMX. Adicionalmente, es un símbolo del México de antes de la 4T.

(Si eres de los primeros, seguramente estarás argumentando en tu cabeza: que no sea prioritario para la mayoría de las personas no quiere decir que no sea prioritario para México. De hecho, el beneficio que tendría impacta a millones que quizá nunca su suban a un avión -de acuerdo también-. Es más bien una decisión populista que, además de que defiende una alternativa inviable, es postulada por un secretario de comunicaciones del siglo pasado. Tampoco combate la corrupción… ”Ahí está Riobó, que seguramente se mocha con AMLO, ¡me canso ganso!”)

Entonces, me viene esta imagen del estadio Azteca. Imagino el estadio lleno. Cuando miro la asistencia (desde mi palco) se parece bastante a México. El 16% de los asientos están en los palcos (es decir, la clase A y B), solo el 6% en las plateas, y el resto -más de 67 mil asientos- en las gradas.

Cada quién le va a su propio equipo y no deja de asombrarme y conmoverme las pocas ocasiones en que todos, absolutamente todos -esperanzados frente a la desesperanza histórica-, nos unimos y dejamos el pulmón cuando México está en la cancha. Como dice un amigo, “been there, done that” y está cañón.

Para efectos de este texto, me imagino pues el estadio abarrotado, que representa a la totalidad de México, solo que, en la cancha, en lugar de la selección mexicana, hay una enorme maqueta del NAICM y la imagen de AMLO, micrófono en mano, en las pantallas gigantes.

“Queridos compatriotas, ha llegado el momento de que escuchemos (nótese que dijo “escuchemos”) la voz de todos los mexicanos. Vamos a ver quiénes piensan que conviene seguir con este proyecto (señalando a la maqueta) y quiénes no. En un momento les voy a pedir que hagan el mayor ruido posible cuando la opción que cada uno de ustedes defiende se presente. Y así veremos cuántos apoyan que siga y cuántos no.”

“Esta obra costará 285 mil millones de pesos. Yo creo que hay una mejor alternativa que, desde luego, implica perder 100 mil millones de pesos que ya se han destinado para lo que hay hoy de avance, pero que en el balance resulta menos costosa y más alineada con el México de todos, que resuelve en el corto y mediano plazo el problema del tráfico aéreo de la CDMX y de paso libera recursos para otras prioridades, como el desarrollo del sureste, entre otras cosas.”

En los palcos se dejan oír los chiflidos y algunas mentadas mientras él continúa.

“Votemos… aquellos a favor de esta obra hagan todo el ruido posible.”

Y de inmediato los palcos y una buena porción de las plateas comienzan a gritar y pegar en el piso, esperanzados de generar un escándalo que haga entender a AMLO que “habemos muchos que no estamos de acuerdo”. Pero antes de que él interrumpa para pedir el voto de aquellos en contra, se comienza a escuchar un rítmico golpe de pies “pum.. pum.. pum… pum” que crece en volumen y sincronía y que deja perplejo hasta al mismísimo AMLO. No hay gritos, no hay nada, es sencillamente el ritmo coordinado de la gran mayoría de los asistentes del estadio, que espontáneamente crean un sonido ensordecedor, en el peor de los casos, y conmovedor, en el mejor. AMLO sonríe satisfecho al tiempo que en los palcos los líderes y los “más importantes” se ponen de pie exclamando “no es posible la estupidez de la gente, este es un loco, nos vamos a convertir en Venezuela, es pura manipulación… yo me largo”.

Es así de simple. La decisión está tomada. “El pueblo sabio -es decir, la mayoría- ha decidido” sentencia el tabasqueño.

Poco después, el estadio comienza a vaciarse mientras los empleados de mantenimiento están ya desarmando en la cancha la gran maqueta. Afuera, en la calle, los ríos de gente se mezclan con los autos y los escoltas de los que estaban en los palcos. Dentro de su automóvil, una pareja conversa: “Míralos… bola de chairos… no tienen ni idea de nada… les están viendo la cara de P… Hasta creen que AMLO va a cambiar las cosas… ¡al contrario! Nos va a llevar la que nos trajo….” Mientras, entre la multitud otra pareja que camina junto al mismo automóvil señala: “Bola de fifís… se les acabó su monumento a la corrupción”.

Algunos van a sus casas y otros se reúnen en restaurantes para comentar. Los que están a favor se reúnen en sus lugares de costumbre y entre plato y plato y drink y drink se escuchan por todos lados los mismos comentarios, que como memes de Instagram, se reproducen de manera viral y todos repiten: “Me canso ganso que Santa Lucía no jala”; “AMLO es un viejo loco, no lo soporto”; “eso pasa cuando tienes un Presidente que no ha viajado ni habla inglés”; “estábamos mejor con Peña”; y entre copas y risas los memes van tomando forma sustentados en fake news y “facts” de los que “me consta porque conozco a alguien que es el mejor amigo y le consta que…” y el gran meme se construye: AMLO es malo para México y por su culpa nos va a ir mal a todos (especialmente a mí que me va bien). Transcurre así la tarde, el día y los días…

En una mesa de la esquina, sin embargo, un grupo sorprendido por lo que sus familias y amigos repiten una y otra vez, comentan acerca del evento en el Azteca. “¡Órale! Qué cañón… qué contundente, ¿no?” Una chica pregunta, “¿qué hemos hecho para llegar a esto?” y uno más le contesta, “ser la onceava economía del mundo, pero ocupar el 92º lugar en el nivel del salario mínimo” por ejemplo. Otro más, un hombre mayor, se suma: “nos acostumbramos a creer que México está bien así, que la manera de ganar mucho dinero es dando mordidas, repartiendo, maximizando la utilidad, etc…” y otro más a su lado -ilustrado por los mezcales que ya lleva- sentencia: “la neta es que nos convenía, al menos a mí, que las cosas siguieran igual, que agarren por ahí a un pendejo por corrupción, pero que no le muevan mucho, porque la neta, la neta, a mí me va muy bien”. Una chica más agrega: “eso es lo que pasa cuando los que se supone que somos los educados aceptamos un México donde la mayoría -esa que pegaba y hacía ruido en el Azteca- no lo está pasando bien y nosotros hacemos como que sí”. “No es nuestra responsabilidad que todos estén bien… eso es imposible”, continuó, “pero sí tener la consciencia de buscar siempre una manera de que las cosas sean mejores para todos y la verdad es que nos hemos acostumbrado -¡así nos educaron!- a sacar el máximo provecho siempre, muchas veces a costa de o ignorando las necesidades de los demás. México está increíble.. para muchos… pero para muchos, muchos otros, no lo está”.

De pié ahí en mi palco, mirando la maqueta del NAICIM al centro, no puedo dejar de notar que nadie, absolutamente nadie, entre los 110,000 asistentes compartimos la misma perspectiva y sin embargo se comienzan a formar los memes que nos dividen, el meme Chairo y el meme Fifí.

“Meme” se refiere a un significado o comportamiento que se pasa -de un individuo a otro y que se constituye, por medios no genéticos, en elemento de identidad de un grupo o generación. Paz y Amor fue además del símbolo, el meme de una generación que entendía y compartía la libertad y la solidaridad como mecanismo de respuesta a la hegemonía moral de la época.

En el caso de los mexicanos, aún más proclives en el humor a pasarse imágenes que expresan y definen su identidad, el “meme fifí” y el “meme chairo” de entrada fincan su efectividad en su capacidad de desacreditar al otro.

Necesitamos un meme que nos unifique, que exprese el propósito que tenemos de ser un mejor país, que incluye a todos.

Crónica de una decisión en el Azteca -o una analogía fantástica- del México que no sabe cómo unirse, o una tesis de cómo los “Fifís” pusimos a AMLO donde está y perdimos el NAICM.

Elección 2018: Cuatro principios y una acción.

Entonces México querido, ¿Qué esperarías de mí como ciudadano para éstas elecciones?

Si México hablara y nos dijera a los mexicanos qué es lo que desde su perspectiva es mejor, tal vez podría finalmente abandonar mi necesidad de justificar, aquí y allá, en la arena política, en la arena social, por qué lo que yo creo que es mejor para México es lo mejor. Solo tú México, podrías decir qué es lo mejor.

pexels-photo-109919.jpegEn esta segunda parte de la reflexión acerca de cómo elegir lo más consciente posible en las siguientes elecciones, intentaré esbozar de manera general cuatro principios y una acción que pueden servir para el proceso de ir definiendo mi intención de voto.

Unas nota antes de comenzar.

Primero. Estos principios no serán populares, seguro, porque parten del principio lógico de que nadie tiene “la razón”, especialmente yo (y tú); en todo caso lo que vemos es parcialmente verdadero. Por lo que no son útiles cuando se trata de defender posiciones. De hecho, desde mi perspectiva, “defender posiciones” no sólo habla del nivel de desarrollo (limitado) de quién las defiende, sino que es justamente lo que puede atrapar el desarrollo de un grupo social hacia algo mejor para todos.

Segundo. Estos principios carecen de autoridad intelectual, política, cívica o social, incluso moral. Es más en cierto sentido son bastante “rupestres”; pero tienen como fin ser un sustento operativo muy práctico en el desarrollo de la propia consciencia frente al acto de elegir.

Tercero.  Estos principios asumen que en realidad es mucho más determinante en el futuro de nuestro país la consciencia de cada uno de nosotros, que quién resulte ganador, porqué el reto mayor no es quién nos gobierna sino como desde nuestro lugar civil nos aseguramos de que los servidores públicos sirvan calificadamente y no “se sirvan”. Desde luego que tenemos los gobiernos que nuestro nivel individual de consciencia sumado en el colectivo, merece. De ahí que la tarea no es tanto seguir al mejor, como ser mejor yo (todos).

Cuarto. Están expresados en primera persona, porqué es lo que yo pienso aplicar y lo comparto.

Así pues, de manera sucinta los comparto aquí, aunque elaboraré uno por uno con mayor profundidad en entregas subsecuentes.

Principio Uno. Integro perspectivas.

En cada conversación y en cada comunicado, indago para tratar de entender con la mayor claridad posible lo que la otra persona ve;   lo que los demás ven. Sin juzgar, porque es lo que ven y para ellos es verdad. Indago con todas las posiciones: izquierda, derecha, centro. Militantes, periodistas, conservadores, liberales, ricos, pobres y medios. Godinez, intelectuales, millenials y viejos. Fresas y no tan fresas. Trabajadores, empresarios, obreros. En fin. Que de aquí a julio me toparé con un buen mosaico de personas que tienen seguro, algo de razón.  Mi trabajo será ir tejiendo una versión más completa de la realidad y quizá, como veremos más adelante, poder “dialogar con México” en busca de un veredicto final, antes de emitir mi voto.

Principio Dos. Mantengo objetividad radical.

Cero consumo de contenido proselitista de ninguno de los contendientes y de todos sus seguidores. La regla es simple: opinión sobre contenido “objetivo” no es contenido, es subjetividad pura. Cero consumo de memes. Cero lectura y re-circulación de opiniones en facebook y twitter. Cero videos que prueban que tal o cual se contradice, o miente o lo que sea. Cero por respeto (a la inteligencia, aunque sea a la mía). Cero engancharme con “dicen que…”, “yo sé que fulanito…”, “mí amigo es el mejor amigo de sutanito y le consta que….” Voy a ir a leer las propuestas de cada uno en su sitio oficial. Voy a ver íntegros algunos discursos y algunas entrevistas. No los resúmenes; que ahí está la manipulación.  No me olvido que Trump ganó la elección gracias a  Facebook. No por sus seguidores, sino por todos los que no lo queríamos y retransmitimos tanto lo que “no” que los algoritmos de la comunidad en línea aprendieron a presentarnos todo el tiempo justo eso y así se posicionó y comenzó su carrera.

 

Un buen ejemplo de esto son las intervenciones de cada uno de los tres candidatos en la Convención Nacional Bancaria. Vi todas las intervenciones íntegras y luego leí los comentarios en las redes sociales: Increíble la des-contextualización cuando se citan sólo frases parciales. De hecho, en referencia al principio uno, integrar perspectivas, llama la atención cómo en lo general no hay diferencias sustanciales (en estas intervenciones al menos), sino en muchos casos complementariedad. Si bien es verdad que no tiene sentido seguir pensando en el petróleo, por ejemplo,  como una inversión estratégica, también es verdad que en lo que el mercado de autos eléctricos madura, es de sentido común aprovechar lo que tenemos y dejar de importar gasolina. De la “refinería a todos tememos un Tesla” hay un gran salto y no hay atajo.

Principio Tres. “Lo mejor para todos”

A lo largo de estos meses voy a reflexionar sobre el significado de este momento histórico y lo que para mi es importante. No lo voy a hacer porque lo que realmente importe es lo que a mi me importa, sino porque espero poder reconocer que lo más importante es lo que sea más importante para todos.  Porqué si encuentro significado en algo más que las limitadísimas creencias y perspectivas de los grupos sociales en los que me muevo y que en cierta medida constituyen un condicionamiento ontológico de la realidad que vivo, emitiré un voto más responsable y menos alienable. En cierto sentido un voto más libre, incluso de mis propias limitaciones.

Principio Cuatro. No elijo por el candidato.

El que resulte ganador va a perder, literalmente, a la mitad del país.. El ganador, será de inicio un perdedor.  Y Con el ejército a su disposición demostrará su nivel no sólo de inteligencia emocional, sino ética y moral. Cualquiera que gane resulta increíblemente ingenuo si considera que “él lo puede lograr”. El verdadero reto no es quién gana, sino como responden los que pierden. Ya desde ahora es triste escuchar a los empresarios asustados por el “Chávez” mexicano, o a los más humildes seguros de que tal candidato sólo le importa ganar dinero, o que tal otro es aún mas corrupto porqué protegió a todos.

Una acción.

Voy a participar en algún grupo de acción civil que vigile y fomente que quién haya ganado haga bien su trabajo. Ah y no entraré en actos de corrupción. Punto.

Elección 2018: Cuatro principios y una acción.

Forget ADHD its #SAD!

Screen Shot 2017-10-14 at 1.42.30 PMI have this practice of taking one picture a day and sharing it via Instagram. Like many practices, the practice itself has no special meaning other than doing the same thing over an over again. But as many practices, there are “collateral” benefits -so to speak- that emerge out of simple repetition. This unexpected outcomes, typical of practicing, turn out to be in fact, decisive.

So, my practice consists on remembering through the day to look for “images” that I can capture. Now, this might seem simple -and indeed it is- but there’s a rather complicated thing to it: my life is very, very monotonous. It’s not that I am exposed to an amazing diversity, both geographical and cultural, as most of my time is spent working with clients, hoping in and out of airplanes, in meeting rooms or hotel rooms. And then back home to my family, my house, my community. And although I am very fortunate to some times travel for work to very exotic destinations, it is work! Nine to six working, exercise, dinner…and life goes on.  Some times it’s late at night and then I remember I haven’t taken my picture yet. 

I’ve been doing this for a couple of years now, and at the beginning it was quite awkward, as I would take whatever I’d find while “hunting” for my image during the brief moments I remembered and I was “free” from work or other distractions. Very often I ended up uploading images that my very extensive fan base of a couple of friends and my daughters would ignore and not “like”. That was fase one: “O my god it’s late and I haven’t taken my picture…ah..maybe that spot on the hotel window curtain makes a great image”. Morning after, zero likes and a feeling that I’m not image “hunting” correctly.  But I kept on trying, and phase two kicked in: images began to appear, to emerge. To reveal themselves.

I remember a special one. I was standing by my hotel window in Bogotá, Colombia. It was a rainy day and I had been writing the whole morning. When I glanced outside I saw a big white arrow painted on the street that grabbed my attention. It was raining and the street was empty. Then a man came walking in the sidewalk in oposite direction and the image revealed in my mind. I grabbed my iPhone and captured the moment. It was a pretty simple image, but different. For me it was more like it had emerged right in front of my eyes. I wasn’t “hunting” for images, I was just paying attention.

As in every practice, the goal  (in this case to take one picture a day -or #onepicaday-) is just a means to achieve other things: experiences or skills that while being critical to improve results, impact many other dimensions or areas of development. In other words, my observation has become more effective or as I like to think, I have become more able to be present at certain moments, and with that my photos are improving. Please mind that I am certainly not looking for likes or consider myself by any means an accomplished photographer. I am completely aware of my lack of talent and my eternal search of  l’instant décicif. I am truly not concerned with anything other that taking one picture a day.  However this practice has given me the chance to be a more present observer of the flow of things. 

However, one thing that I’ve come to realize in my observations is a sad fact. We are all connected to our screens. And here comes the beautiful learning for me: as I am! Specially if I am taking pictures and pictures with my “screen-phone”. I call it #SAD (Screen Attention Disorder) and it is really sad. #SAD is screens all over the place hijacking our attention, limiting our presence. Its SAD to see we are loosing impact and effectiveness to the illusion of connectivity.

#SAD is a paradox. Because truth is we have never been more connected in evolution as today, while being so disconnected from the present moment. Without a doubt, I can point out that while working in high performance corporate cultures, the single most deterrent impacting productivity  is hyper-connectivity. But we don’t see it. Because we truly believe we are being present in a meeting while whatsaping someone maybe in the other side of the world. We are not. And we are no more effective at the task level. We have experienced it over an over with C-Level Execs. When they disconnect from the outside and connect to what’s going on, they are able to solve challenges in ways they wouldn’t have suspected they could. Over and over we see it in our client work.

The same thing happens at the personal level. We are loosing effectiveness with our spouses, partners and friends in sharing our life journeys and, most importantly benefit from full presence. With all the good things and the not so good. In fact, it has become easier and easier to go back “home” -literally by hitting the screen button- than remaining open and embracing whatever arises. We are screen-distracted and it’s sad. I know I am! I’ve noticed that my eyes and attention immediately respond to any screen appearing in my landscape. It could be driving and encountering one big “screen-billboard-“ or my car’s screen. It’s in TV’s everywhere. Restaurants full of screens, airports with hundreds of personal iPads for people to sit and connect while they eat. And everywhere I go, I catch myself glancing at the screen often. It’s no longer an attention deficit, but screen attention highjack.  We need to stop. We need to be able to put screens aside, tu turn off the meeting room projector and sit in a circle, to have the conversations that matters and let things emerge, embracing whatever arises. More and more were are working with our clients, as I am doing with myself. Sit. Listen. Share. No distractions. Be present. Fully present. And better things happen. Probably painful, many times rejoicing, but certainly more effective and sustainable. Try 30 minutes full attention at your next meeting or while dinning with friends. Pay attention and embrace what ever arises. The world, the people we care about and ourselves need us more present.

Forget ADHD its #SAD!

Tembló. Duro y no tanto.

Screen Shot 2017-09-21 at 5.53.18 PM.pngTembló. Duro y no tanto. Suficiente para despertarnos, pero no para acabarnos. Injusto para muchos, los que nos movieron a todos.

Tembló el mismo día, pero después. Estamos más preparados y también nos habíamos olvidado.

Tomamos las calles de la mano, después de que las habíamos vaciado de esperanza.

Tembló. Una vez más. Otra generación..la que sigue. Ya sabían cómo hacerlo, sin haberlo hecho. Y lo hacen mejor.

No esperar. Hacer. Recobrando lo que siempre ha sido nuestro. La #Fuerza que piensa en todos. La que desobedece trabajando con el corazón…también. Los que alzan el puño porqué hay demasiado ruido que nos distrae.

Tembló México como tiembla el despertador con su campana de “es hora de despertar”. Tembló México duro. Feo. Para arriba y para abajo. Para todos lados. Para ver si así escuchamos. Que no hay nada ni nadie más grande que México…en México. Especialmente cuando hay que decidir.

Pero la música seductora de la “vida feliz” acecha por ahí, aún en la catástrofe, distraída, esperando para colarse entre los muros llenos de selfies…años de ver mi foto..sin vernos.

Se puede olvidar…la #FuerzaMéxico. O no.

Tembló México para volver a empezar lo que muchos, muchos, muchos hermanos empezaron hace mucho; aquí siguen aunque ya no estén.

La cadena de #fuerza y #corazón que me entrega la cubeta llena de los escombros que nos cierran el paso para alcanzar la vida. Anónima pero de todos.

Y los viejos y no tan viejos atentos a lo mal que lo hemos hecho y a la vez…lo bien. Pasamos la cubeta pesada de estructuras en pedazos por una cadena que va de 15 a 75. Juntos. Una cadena que va del fashion a lo básico y de vuelta. Que corre por izquierda y derecha.

Tembló México. Temblé yo. Una vez más la muerte tocando la puerta para preguntar si estoy viviendo. O si de plano ya es hora porque se me olvidó que no soy nada y por eso soy mucho más que lo que entiendo. Que soy todos.

Se cimbró con #FuerzaMexico el suelo de todos. De todos y todos lo vimos en nuestras pequeñas ventanas..pero lo vimos todos.

Soy Mexicano porqué aquí llegué y de aquí soy. Soy Mexicano porqué éste es el lugar para hacer lo que hay que hacer. Para jugárnosla por algo mejor. Algo que sólo es mejor si lo hacemos todos. Mucho mejor. Es lo que toca, después del temblor.

Tembló. Duro y no tanto.