Carta abierta a los candidatos independientes.

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Ser candidato independiente no es tan difícil; ser un líder ínter-dependiente está, como seguro diría El Bronco, más canijo.

Ustedes, los que ya ganaron y los que están planeando ganar, han experimentado algo que no muchos mexicanos entendemos: la fuerza de ser independientes, de liberarse.  Quizá pensaron “no necesito un partido oficial…puedo irme por la libre” y se lanzaron. O como en el caso de Margarita Zavala, lo están pensando. Pero independizarse, lanzarse y ganar, sólo los pone dentro del sistema de nuevo. Así es; Gobernador, Diputado o futura Presidente, por más independiente que usted sea, una vez electo estará inmerso en la perversa maquinaria de poder, con poca capacidad de maniobra en el mejor caso y en el peor, podría terminar cediendo en sus principios sedado por el surreal efecto de la adulación. Imagine ¡ahora sí lo va a recibir la Reina Isabel y podría salir en la portada del Hola! O en la del Time..”This Indie President is really saving México”.

Pero asumamos que usted logra seguir siendo Independiente ya en su cargo, porque tiene la estatura de desarrollo, el músculo ético bien ejercitado y todos los días, frente a las oportunidades de perder su independencia; es decir su libertad, usted regresa a su centro, con los pies bien puestos en la tierra, incluso cada vez más fuerte. Vaya…Gandhi, Mandela, ese tipo de liderazgo; servicial, inspirado en el bien común. De lograr mantenerse así, es muy probable que experimente una frustración increíble. ¿Se imagina tratar de mover una iniciativa de ley o un proyecto innovador que depende de la cámara de diputados o del aparato burocrático? Además de ser tan desarrollado como estos líderes que en verdad han movido al mundo, usted deberá ser increíblemente estoico. Ipsofacto sus compañeros políticos, cuales taxistas manifestándose contra Über, van a decir “aquí las cosas se hacen como siempre las hemos hecho; así que si quieres…éntrale”.

En cada charla con un compatriota es fácil distinguir su postura acerca de nuestra realidad, básicamente en el uso del verbo chingar. Unos piensan que los ricos, los políticos, los narcos, y hasta el clima nos están chingando constantemente y no hay mucho que hacer. Es más, coincidentemente muchos de ellos fastidiados por las chingaderas, deciden, finalmente, entrarle y aunque sea así tratar de ser un poco más chingones. Una manita por acá, un favorcito por allá, una comidita, unos tequilas, unas modelos, un Porche, una Bolsa Luis Vuitton (o un chingo)…una Casita Blanca. Y que tire la primera piedra el que nunca ha hecho alguna “chingadera” de estas…por pequeña que sea. Es más, el sistema es tan “chingón” que en ocasiones es literalmente imposible salir de una situación sin hacer alguna “chingaderita”.

Pero hay otro tipo de Mexicano -cada vez más- que en realidad no se entusiasman peleando ideológicamente, demagógicamente o intelectualmente con “el sistema”; reclamando injusticias o respondiendo con violencia o dejándose llevar por la inercia post-revolucionaria.

Son mexicanos que se entusiasman más en una conversación por lo que pueden progresar como personas, con sus familias y en su comunidad. Son los que saben que ningún político los va a llevar a nada mejor de lo que son, porque lo que son lo han conseguido ellos, trabajando y enfrentando la vida, muchas veces a pesar de su gobierno. No tienen tiempo que perder lamentándose. Más bien se cuidan como pueden y hacen lo que pueden movidos por un propósito superior: ser mejores a través de su trabajo, su creatividad y sus relaciones. Celebran lo bueno de la vida, incluso lo bueno que los gobiernos traen a sus comunidades y miran con pena -mucha pena- lo que no es tan bueno. Pero no se detienen ahí; porque tienen mucho que hacer. Los vemos en todos los niveles sociales y por todo el país.

Coincide que estos Mexicanos Independientes, son muchos. De hecho varios millones. Y coincide que algo en lo que todos coinciden es que saben que nadie los va a sacar de donde están, más que ellos mismos; ni siquiera usted señor(a) candidato. Por eso son independientes, porque si dependieran del gobierno o de los líderes no podrían progresar.

Es interesante que estos millones de independientes, aunque están muy ocupados saliendo adelante,  tienen en común algunas cualidades que le pueden servir a Usted como palanca cuando se enfrente al aparato que no lo (o la) va dejar mover las cosas:

-Saben que cuando se ponen manos a la obra, logran porqué así ha sido su vida.

-Disponen al menos una o dos horas a la semana para actividades que les dan significado y que normalmente son de tipo comunitario.

-Están conectados.

-Pagan Impuestos.

-Consumen bienes y servicios.

-Están por todo el país.

-Típicamente, por la vida de trabajo y superación que llevan, tienen cierta posición de credibilidad en sus núcleos familiares y sociales.

-No les interesa la actividad política; sino hacer las cosas que hay que hacer.

-No están esperando que llegue el líder que los salve. No creen que esa sea la salida.

-Cuando hay una causa que lo vale, no dudan en organizarse y ser parte de algo más grande.

Sumadas las horas disponibles, lo que consumen, lo que pagan de impuestos y lo que generan a través de su trabajo, hacen que cualquier presupuesto electoral se vea tímido y cualquier empresa de cambio sea factible. Es más, si lo reflexionáramos bien (porque yo me siento parte de este grupo) nos daríamos cuenta de que en muchas cosas no necesitamos al gobierno para nada; porque como grupo valemos más. Imagine, señor Candidato, que dejáramos de pagar impuestos cuando no estamos de acuerdo con los servicios que nuestros empleados en el gobierno nos dan, que dejáramos de comprar productos y servicios que no cumplen con ciertos principios, que organizados nos pongamos manos a la obra en resolver temas que el gobierno, por las razones que sean no puede.

En resumen, señores y señoras candidatos, no se vayan a creer eso de que ustedes nos van a salvar, porque sería un signo de que ya cayeron presas del sistema. No se les olvide que hay una fuerza despierta, activa y poderosa con la que podemos mover a México y sobretodo, no pierdan tiempo en posiciones radicales, porque resulta que ninguno de ustedes, ni de los políticos que manejan al país es suficientemente inteligente como para estar siempre equivocado; por lo tanto todos, absolutamente todos tenemos algo de razón.

Independiente, significa entonces dejar las posiciones y encontrar lo que nos interesa a todos; no hay un sólo mexicano que en el fondo no quiera paz y progreso. No se la crea, e inspire a través de su trabajo, congruencia y valor a los millones que pueden apoyarlo en los momentos difíciles y resista las tácticas que llevan a la división, a la discriminación, a los extremos moralistas y al autoritarismo. No se le olvide que muchos de estos políticos que usted crucificó como bandera de lucha, igual que usted y que yo, pudieron haber querido genuinamente algo mejor para México, pero perdieron la batalla. Las condiciones que hoy existen en México y en el mundo, para incorporar a la solución de problemas enormes a grupos de personas inteligentes y motivadas por algo superior, son históricas y a la vez, todos nos necesitamos; todos.

Carta abierta a los candidatos independientes.

Business is Not the Place for a Revolution…Or Is It?

From here in my native Mexico, I read in the New York Times a list of some 200 Mexican businessmen and politicians involved in a money laundering and tax evasion scheme.

Stories like this make me appear naïve when I say that there’s no more effective way of building a better world than through business.

Building a better world? Through business?

But what about rising inequality? Environmental depletion? Corruption? Irresponsible consumerism?

In our big corporate world, it would seem that unethical behavior sits at the very core of “business as usual”, and it might even appear that we’re going to Hell in a handbasket.

Yes, and remember the Industrial Revolution? When we think about the Industrial Revolution spawned by Great Britain between 1760 and 1840, we often think of horrendous working conditions in factories, filthy overcrowded cities and children going hunch-backed over looms. And of course, all of these things were terrible and real. However, would you be surprised to learn that the Industrial Revolution also brought with it a spike in the life expectancy of English children, along with a host of other historical turnarounds? For example, children born in London who died before the age of five decreased from 74.5% in 1730-1749 to 31.8% in 1810-1829.*

It’s true that the Industrial Revolution polluted Britain’s air and water, but it also led to the development of sewage systems and water filtration which ultimately improved the quality of drinking water. In education, literacy skyrocketed during the Industrial Revolution.

On his blog Per Square Mile, Tim De Chant wrote, “Without the Industrial Revolution, there would be no modern agriculture, no modern medicine, no climate change, no population boom. A rapid-fire series of inventions reshaped one economy after another, eventually affecting the lives of every person on the planet.”

Put another way, nothing has brought people more quality of life than business. And we are clearly in the midst of perhaps the most significant leap in human history. A “second revolution”, so to speak. Assuming we are revolutionizing through technology and that the effects on today’s business scape will be visible for the next generations, an interesting question would be, How can we avoid repeating what didn’t work and become even better at revolutionizing?

An interesting perspective is by evolving rather that revolving; becoming better at improving through business.

Throughout my career I’ve had the privilege of working with all sorts of businessmen and businesswomen whom I’ve come to admire for their exemplary ethical conduct. Through their work as executives, each has brought his or her unique gift to the world. They provide products and services in ways that are good for all stakeholders.

At the core of all businesses are people making decisions – decisions from the owner-shareholder perspective. And in our time, thanks to technology and our global interconnectedness, another important shareholder is making decisions: the consumer.

For the first time in history, consumers have the power to organize themselves in ways that impact the destinies of giant corporations. Through the Internet, every one of us has a global platform. We’re plugged in, hearing, seeing, learning, deciding, and acting.

At the same time, technology is making it more and more difficult for unethical businesses to hide their dirty deeds.

Our generation has an unprecedented opportunity to make life better for everyone, and in record time. We’ve already seen how much the motivated spirit of business can do for humanity. And now, with a highly connected consumer public and more transparency on the corporate side, we’re poised to put “doing good” on steroids.

A revolution seems to be short-sighted; indeed business is evolving, as we humans are. It’s not that we need to “give back”; rather we need to “do good”; and by the way, it feels good.


* Mabel C. Buer, Health, Wealth and Population in the Early Days of the Industrial Revolution, London: George Routledge & Sons, 1926, page 30 ISBN 0-415-38218-1

Link to: http://persquaremile.com/2011/11/11/population-density-fostered-literacy-the-industrial-revolution/

Business is Not the Place for a Revolution…Or Is It?

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“Responsibility is the price of freedom.”

Elbert Hubbard

We are entering into an era of consciousness in which we can, finally, stop betting on Leaders as we know them today.

When we talk about organizational leadership, we are usually referred back into an individual figure that we define as ‘Leader.’ According to the conventional definition, this person, woman or man, ‘inspires others into achieving a purpose.’ There’s no doubt, specially in the organizational dimension, that these people don’t only exist, but are essential architects in the construction and management of the company. There’s endless literature addressing from most diverse disciplines leadership, as well as plenty of examples that illustrate the qualities that the so-called ‘leaders’ develop and which, in the field of human capital, are called: ‘leadership skills.’ These skills, supported by sophisticated management systems have been defined, from hard data and experience, as universal. For example, no one would argue that how to inspire others through his or her actions is indeed a default competence of a leader. Congruency, as well, is one of those skills that has been, throughout history, archetypically present in such individuals.

The large-scale mass production and exponential data processing power that initiated with the Industrial Revolution, and the technological boom of the millennium, has, for the first time, allowed humanity, not just to have access practically to all knowledge and information available, but to be able to exploit it. This involves, on one hand, access to a more complete map of reality and, therefore, more complex; and on the other hand, the possibility that individuals can actively participate in the construction of such reality.

Regardless of what kind of ‘complexity’ appears in our lanscape, according to Harvard Business Review, only 5% of leaders today, perform from the necessary perspective to manage the complex systemic change. Therefore, increased access to development, makes leadership much more complex. Consequently we move from the ‘one-leads-many’ approach to a more actual ‘many-people-sharing-one-purpose-leading-themselves.’ The impact social networks have on people’s lives in concert with millions of free voices in the world, have generated a recent phenomenon that’s here to stay. Consumers today are gaining strength through organized consumption; citizens through civil participation with global reach; and employees in the co-creation of organizational culture.

In the bigger picture, though the conventional leader is still present, the rise of many ‘I Lead’ individuals is not only weakening the first, but encouraging more and more of the latter. The ‘I leaders’ are ordinary people who speak out in a coordinated effort to achieve a goal they have in common, and who transcend the classical alienation coming from the archetypical figure of a messianic leader. Indisputably, it is becoming less and less likely that the figure of a singular leader would be enough to move groups of informed individuals who can clearly see his or her ‘bright’ side as well as his or her ‘shadow’ side. It is also becoming less and less likely that informed individuals would be seduced by ideas but more by the collective voice which is congruent with each individual´s purpose. We need less leaders that inspire and more free people who take responsibility and inspire themselves.

How does this manifest among organizations?

In the Human Resources forums, each time more and more people talk about the well-known Millennial Generation, who are becoming part of organizations. Young people discouraged by ideas that were sold to them and didn’t work. Children of the global crises who were born connected and grew up with a device in hand, and who can, from a desktop, contribute to the construction and destruction of institutions, governments and businesses. Young people who are hyper-informed, who manifest in their consumption habits and in their loyalty to their employers their core values ​​in action, and in many cases transcend the depleted ‘job security and the assurance of a career plan.’ They want more. They speak out, take out their wallets and they engage where they find, more than economical retribution, purpose.

Some organizations understand it, others don’t. Some are still leaning and keep investing on their leadership team, that is undeniably the most influential because of its systemic weight. These organizations, from the conscious development perspective, could be defined as ‘conventional’. Other organizations, however, have understood that, from a historical point of view, businesses are comprised of individuals with an exceptional self-leadership potential

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Within the leader-group binomial relationship, the ‘group’ is becoming more and more developed. As time passes, the conventional leader will have to develop more facilitation skills and less management skills. That is, a leader who builds with other ‘I leaders’. Free and responsible individuals, that equipped with tools and information, manifest their values through action, and depend less on an external individual to guide them. Hierarchy seems to not be enough. Never before did the affirmation ‘culture eats strategy’ had been more valid. The organizational development strategies based on historical conventions are irrelevant to the employee who is informed and who breaks away from the organization’s control, and who is, not only eager to participate, but also is capable of doing it.

Some organizations have understood it and are co-creating together with the stakeholders, a culture of individual responsibility and coordination that is being supported by integrity. “If you are here it’s because you want to be here, not because you have to… and if you want to, you can create with us”; “If you buy with us, it’s because we give you the most value and if we are not, we do want to be, so let us learn how to.” Both statements presume a paradigm that returns to employees and consumers the responsibility of their choices, and opens the door to the collective knowledge to work as a change agent in the development towards having more value for all. It is not enough to tell employees ‘what to do’, instead it is more powerful to inquire about their perspectives, to then find means of shared efficiency that have concrete results that are better, not only economically, but in the individual welfare.

The ‘I leaders’ that are in organizations today, aren’t the functional leaders, or aren’t necessarily the ‘high-potentials’. The majority of employees can move mountains when they learn to collaborate from the standpoint of responsibility. The ‘I leaders’ are the men and women that when they connect between each other and also with a higher purpose, they emerge in organized communities, they emerge as true change agents and find it not only their daily doing, but in its integration by freely adding a sense that transcends one person’s calling. If anything, from the point of view of organizational development, we should invest so that employees operate from a place of unconditional responsibility for organizations may finally be nurtured from the perspective, the dreams and the creativity of many individuals and not only of a few ones.

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“La responsabilidad es el precio de la libertad.”

Elbert Hubbard

Estamos entrando a una era de consciencia en la que podremos, por fin, dejar de apostar por el líder como lo conocimos hasta ahora.

Cuando hablamos de liderazgo en las organizaciones, el tema invariablemente nos remite a la figura del individuo que definimos como “Líder”. Aquella persona, hombre o mujer, que según la definición clásica “inspira a los demás en la consecución de un propósito”. Nada más cierto. Es indudable, especialmente en la dimensión de la empresa, que estas personas no sólo existen, sino que son artífices indispensables de la construcción y conducción del negocio. Sobra literatura que aborda desde las más diversas disciplinas el fenómeno del liderazgo, como sobran también los ejemplos que ilustran acerca de las cualidades que desarrollan los denominados “líderes” y las cuales en el ámbito del capital humano les llamamos: “competencias de liderazgo”. Estas competencias, sustentadas por sofisticados sistemas de gestión se han definido a partir de datos duros y experiencias, y se asumen, por lo general, como universales. Nadie discutiría, por ejemplo, que una de las cualidades de un líder es saber inspirar a los demás a través de sus actos. Así también la congruencia es una de esas competencias que, a lo largo de la historia, está presente, arquetípicamente, en un líder.

Ahora bien, la producción a gran escala y la potencia en el proceso de datos que dieron inicio la revolución industrial, y el boom tecnológico de fin del milenio, han permitido a la humanidad, por vez primera en su historia, no sólo a tener acceso a prácticamente todo el conocimiento e información disponible, sino a aprovecharlo de manera exponencial. Esto supone, por un lado, el acceso a un mapa más completo de la realidad y, por lo mismo, más complejo: y por el otro lado, la posibilidad de que los individuos puedan participar activamente en la construcción de dicha realidad.

Independientemente de cual “Complejidad” aparece ante nosotros, según Harvard Business Review, hoy solamente el 5% de los líderes opera desde la perspectiva necesaria para gestionar el complejo cambio sistémico. Por lo tanto, el hecho de que cada vez seamos más los que tenemos acceso al desarrollo, vuelve el tema del liderazgo más complejo. Pasamos pues de un enfoque de “uno-liderando-a-muchos”, a un enfoque de “muchos-compartiendo-un-propósito-liderándose-a-sí-mismos”. Las redes sociales y el impacto que éstas tienen en la vida de las personas, sumando las voces libres de millones en el mundo, han generado un fenómeno reciente que vino para quedarse. Hoy los consumidores cobran fuerza a través del consumo organizado, los ciudadanos a partir de la participación civil con alcance global, y los empleados participando en la construcción de la cultura.

En este panorama más amplio, sigue estando presente la figura del líder convencional pero con menos fuerza, ya que aparece la figura de miles y millones de “yo-líderes”. Los “yo líderes” son personas comunes que alzan su voz en un concierto coordinado para alcanzar un fin que comparten, y que trasciende el enajenamiento clásico del líder mesiánico. Indiscutiblemente, cada vez es menos fácil que la figura del líder único baste para mover a los grupos de individuos informados que pueden ver con claridad su lado “luz” y su lado “sombra”, o que se dejan seducir cada vez menos por las ideas, y más por la suma de la voz colectiva que es congruente con la intención individual. Necesitamos menos líderes que inspiren y más personas, libres, que se inspiren y se hagan responsables.

¿Cómo se manifiesta esto en las organizaciones?

Cada vez más y más en los foros de Recursos Humanos se habla acerca de la famosa Generación Milenio, que comienza a formar parte de las organizaciones. Jóvenes desalentados por las ideas que les vendieron y no funcionaron, hijos de las crisis globales que nacieron conectados y crecieron con un dispositivo en la mano, y que hoy pueden, desde un escritorio, contribuir a la construcción y destrucción de instituciones, gobiernos y empresas. Jóvenes híper-informados, que manifiestan en sus hábitos de consumo y en su lealtad a sus empleadores sus valores fundamentales en la acción, y que en muchos casos trascienden la menoscabada “seguridad de un trabajo y certeza de un plan de carrera”. Quieren más. Alzan sus voces, sacan sus billeteras y contribuyen ahí donde más que dinero, hay un propósito.

Algunas organizaciones lo entienden; otras no. Algunas siguen invirtiendo y apostando al equipo de liderazgo que, sin duda, es el grupo más influyente en el derrotero del negocio y el que más peso tiene en el sistema. Estas organizaciones son las que desde la perspectiva del desarrollo de la consciencia, podrían definirse como “convencionales”. Otras, sin embargo, han entendido que la organización está formada por individuos con un potencial de auto-liderazgo excepcional desde el punto de vista histórico.

iLead o Yo-Líder

En el binomio líder-grupo, el “grupo” está cada vez más desarrollado. Por lo mismo, estamos frente a una oportunidad para depender, entonces, menos del “líder”. El líder convencional con el paso del tiempo tendrá que ir desarrollando más competencias de facilitación y menos de dirección. Es decir, un líder que construye junto a otros yo-líderes. Personas libres y responsables que, dotadas de herramientas e información, manifiestan sus valores en la acción, y dependen cada vez menos de un sólo individuo que los guíe. La jerarquía parece ya no ser suficiente. Nunca antes la aseveración “la cultura se come a la estrategia” ha sido más contundente. Las estrategias de desarrollo organizacional que apuestan a las convenciones históricas carecen de relevancia para el empleado informado que escapa al control de la organización, y que tiene no sólo sed de participación, sino capacidad de hacerlo.

Algunas organizaciones lo han comprendido, y están co-creando, junto con todos los grupos de interés, una cultura de responsabilidad individual y de coordinación sustentada por la integridad. “Si estás aquí es porque quieres, no porque tienes…y si quieres puedes construir con nosotros”; “Si compras aquí es porque somos tu mejor opción y si no lo somos, queremos serlo y tú nos puedes ayudar”. Ambas declaraciones asumen un paradigma que regresa a los empleados y a los consumidores la responsabilidad de sus elecciones, y abre la puerta a que el conocimiento colectivo funcione como agente de cambio en el desarrollo hacia un mayor valor para todos. Ya no es suficiente con decirle a los empleados “qué hacer”, sino que hoy resulta más poderoso indagar acerca de sus perspectivas para encontrar mecanismos de efectividad compartida que tengan mejores resultados concretos, no sólo en el beneficio económico, sino en el bienestar individual.

Los “yo-líderes” que están en las organizaciones de hoy, no son los líderes funcionales, no son tampoco, necesariamente, los “high-potentials”. Son muchos, quizá la mayoría de los colaboradores que, cuando aprenden a colaborar desde el lugar de la responsabilidad, pueden mover montañas. Los “yo-líderes” son los hombres y mujeres que cuando conectan entre sí y con un propósito superior, surgen en comunidades organizadas, en verdaderas células de cambio y encuentran no sólo en su quehacer cotidiano, sino en la integración al sumarse desde su libertad, un sentido que trasciende la evocación de una sola persona. Si en algo hay que invertir hoy, desde el punto de vista del desarrollo organizacional, es en que los colaboradores operen desde un lugar de responsabilidad incondicional, para que la organización finalmente se nutra de la perspectiva, los sueños y la creatividad de muchos y no sólo de unos pocos.

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